
A raíz de una noticia que acabo de encontrar en el diario El País.com en la que apuntan que la UE estaría intentando fomentar el ensayo de medicamentos en los más pequeños, he querido hacer un pequeño análisis reflexión sobre el asunto.
En la noticia nos dan pistas sobre que tipo de papás permiten que se realicen estos estudios con sus hijos y la postura de los médicos ante tal suceso.
Situación hasta el momento
Hasta ahora la mayoría de los medicamentos que se administran a los niños no se prueban en los pequeños, si no que se hacen pruebas en los adultos y después se hace la equivalencia con el peso de los pequeños ajustando así la dosis.
Lógicamente esta situación genera una serie de ventajas como puede ser que los niños no tengan que pasar por ningún riesgo, pero a la vez es cierto que no podemos decir que los estudios sean totalmente fieles a la realidad y eficaces, puesto que todos sabemos que el organismo de un niño, en constante cambio no coincide con el de un ser humano adulto.
Descripción de los ensayos
La Agencia Europea del Medicamento está trabajando para que a partir de ahora todos los nuevos productos destinados a los niños tengan su PIP (Plan de Investigación Pediátrica).
Más concretamente en España va a participar el grupo de Adolf Vallés, del hospital de Cruces en Bilbao que va a formar parte del proyecto llamado GRIP, que quiere poner en marcha estos planes de investigación pediátrica a cinco años vista. El proyecto no financiará investigación directamente, pero pretende dejar ya claras las premisas para que estos ensayos, tan delicados éticamente, cuenten con todas las garantías.
Tenemos que explicar que en estos ensayos con medicamentos practicados en los niños se les evitan las llamadas fase I y II que hay que hacer con cualquier medicamento, que son las primeras y, por tanto, más peligrosas, ya que miden seguridad y dosis. Así, con niños sólo se realiza la fase III (la que compara un fármaco que vaya a salir con otro viejo).
Qué papás autorizan y porqué
Como mamá, estoy segura que os preguntaréis como yo qué tipo de situaciones pueden animar a unos padres a ensayar medicamentos con sus propios hijos y la respuesta las encontramos en las palabras del doctor Vallés, el pediatra asegura que consigue que un 70% de los padres a los que se lo propone den permiso para que el niño participe:
“Les explico que es más peligroso que le den a los niños algo que no se ha probado para ellos a que tomen lo que sí se ha hecho con fines pediátricos y, además, con la supervisión del hospital”
Además nos cuenta que en estos estudios sólo participan chicos enfermos y, por eso, es más fácil que los padres den su permiso:
“Eso depende de la gravedad de la enfermedad, de las opciones que haya y de la vía de administración”, dice el pediatra. Por ejemplo, es más fácil que participen si el niño sufre una dolencia incurable o muy grave, o si el medicamento es muy fácil de usar (mejor un jarabe que una inyección, por ejemplo).
Conclusiones
Es cierto que a ninguno de nosotros nos gustaría tener que “probar” con nuestros hijos medicamentos, un niño no es un experimento, con lo que nos duelen los hijos debe ser muy difícil tomar esta decisión, de eso no queda la menor duda. Pero también es verdad que a veces me he preguntado qué padres pueden aprobar que sus hijos participen en este tipo de ensayos.
Son padres de niños a los que estos estudios pueden ayudar a luchar contra enfermedades en muchas ocasiones muy graves, además de ayudar también a otros muchos niños en el futuro, puesto que los resultados favorecen al grupo de pacientes infantiles con estas dolencias.
Por este motivo mi conclusión personal es que no solamente debemos de alarmarnos cuando escuchamos hablar sobre estudios clínicos en niños. Detrás de estos estudios hay unos médicos que responsablemente explican que esos medicamentos están diseñados específicamente para los más pequeños y con un control riguroso y estricto.
Aprovecho el post para enviar un cariñoso abrazo para todos aquellos niños y papás que tengan que vivir una situación tan incómoda como puede ser tener que luchar ante enfermedades y decidir si participan o no en unos ensayos que sin duda beneficiarán a muchísimos otros pacientes infantiles en el futuro y espero de todo corazón que a ellos mismos, los primeros.
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