Los cómics son una fuente de diversión para los niños

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He visto en el blog de Papel en Blanco que se hablaba de cómics y específicamente de Astérix y Obelix y me he lanzado también a comentar algo al respecto.

Nunca he hablado de Cómics y aunque no soy un grandísimo aficionado sí he leído alguno de los clásicos, españoles y de fuera de España. Muchos de ellos los conservo en cajas, que es donde mejor están, y otros andan por las estanterías esperando ser revisados por la familia o por mi mismo. Aunque todavía leo algunos cuando más los consumía y devoraba, no una sino varias veces, fue cuando era pequeño y los recuerdo con mucho cariño y emoción por lo bien que me lo pasaba cuando los leía.

En casa coleccioné muchos Super Humor, una fantástica serie de la Editorial Bruguera donde se podían encontrar los tebeos de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetechos, El Botones Sacarino, 13 Rué del Percebe y muchos otros escritos por Ibáñez y Escobar.

Además tuve acceso, pero por desgracia no conservo ninguno, a aquellos álbumes amarillos de El Capitán Trueno y de El Jabato. Grandes cómic de aventuras, de romanticismo ligero y de mucha acción. Ambos eran héroes hispanos creados por Víctor Mora.

Tuve también acceso a una reedición de la mítica serie de El Guerrero del Antifaz. Una fantástica aventura de un español hijo de árabe, el malvado Alí Kan, en la época de los Reyes Católicos. Este cómic me vino transmitido desde la afición de mi padre que lo compraba puntualmente cuando salió por primera vez en la España de la posguerra y que se devoraba en su casa semana tras semana. La tecnología que tenemos en nuestros días no existía y un soplo de aire fresco como El Guerrero del Antifaz cada semana se valoraba mucho en la época. Mi padre también me habló de El Pequeño Luchador o Roberto Alcázar y Pedrín que alguna vez leí pero de los que no conservo apenas recuerdos y que impactaron en la España de la época.

En la portada del artículo están los divertidísimos e irreductibles galos Astérix y Obélix que peleaban contra los locos romanos provistos de pociones mágicas. En el caso de Obelix no tenía que beber nada porque se cayó de pequeño a una marmita llena del preciado líquido. Cada uno de sus números es un clásico lleno de diversión. Todavía tiene y amplía su pléyade de seguidores. Otro personaje no español que leí fue Tintín que nunca me atrajo demasiado a pesar de la impresionante legión de seguidores que tiene y de los ricos personajes que contiene.

Muchos de estos cómics los intercambiaba en el colegio con otro compañero y era fascinante descubrir, comentar y compartir esas aventuras con él.

Conforme crecí me acerqué a otro tipo de cómic, lógicamente más adulto o con contenidos más especializados. De todos ellos el autor que más me ha impresionado es Will Eisner cuyo personaje más famoso es The Spirit. Me atrevería a decir que este detective con antifaz dibujado en los años 40 del siglo XX es accesible para los niños de más de 10 años de edad porque sus historias están llenas de aventuras, de pasiones y de ironía que los niños pueden apreciar. Sus dibujos son fantásticos y llenos de detalles. Conservo una reedición completa de este fantástico personaje hecho cine recientemente por otro autor, este más adulto sin duda, que es Frank Miller.

Ahora es más difícil que nuestros hijos descubran los cómics porque tienen mucho “ruido” alrededor: televisión, consolas, ordenadores… que no les sugiere acercarse a estos productos como lo hicimos sus padres.

Hace tiempo en El Coleccionista, una tienda especializada en la Calle Tribulete de Madrid, compramos un tebeo llamado Natalia, Músicas del Mundo, que narra las aventuras de una niña que descubre a diversos músicos que tocan música de diferentes países. Lo guardamos con cariño a la espera de ir completando una amplia biblioteca para mi hija.

En casa mi hija ha visto los cómic que conservo, en sus cajas y en sus estanterías, y es consciente de lo que significan y lo que contienen: grandes dibujos, gestos expresivos, bocadillos donde leer las historias, las onomatopeyas, los colores, el lenguaje utilizado, los personajes… pero todavía no se ha atrevido a leer ninguno. Es cuestión de tiempo por que lo que sí ha hecho es dibujar ella misma sus propios cómics. Al menos lo ha conseguido con Bob Esponja del que dibujó una divertida historia protagonizada por él y el señor Cangrejo.

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