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Leyendo a los niños

Desde que soy madre he aprendido algo muy importante que (paradójicamente) me da fuerzas para seguir tomándome en serio la educación de los niños: los pequeños incumplen las expectativas que depositamos (cuando no ‘soltamos como una losa’) sobre ellos.

Se enfurruñan cuando querríamos que sonrieran, prefieren la música rock a la clásica, escogen ponerse pantalones largos para ir a la playa, rechazan a los hijos de nuestros amigos (¿cómo se atreven?) e incluso hay algunos que utilizan las piezas del juego de magia para construir un avión (¡con lo fácil que sería leer las instrucciones y hacer lo que hacen todos los demás!).

Y esto me encanta porque demuestra que saben lo que quieren y son creativos. Pero os voy a decir algo mucho más relevante que lo que acabáis de leer… para las cosas realmente importantes que favorecerán su integridad, desarrollo y educación, cuenta mucho nuestro ejemplo. Por eso, si habéis conseguido llegar hasta aquí sin confundiros demasiado, os tengo que decir que uno de los factores que influirán en ‘que lean’ es que vosotros lo hagáis con ellos…

… y que sigáis leyéndoles mientras os dejen, y esto en muchos casos es hasta los 10 u 11 años. Ya conocemos los beneficios que a nuestros hijos les proporciona el hábito de la lectura, para los que no recordéis, aquí tenéis información resumida.

Y como ‘leer’ debería ser un placer y no una obligación (al menos en casa), asumiremos que a nuestros niños no les interesen los libros. Sin embargo quizás podamos aportar algunos trucos que les aviven la curiosidad por esas fantásticas fuentes de conocimiento, aventuras y fantasía.

  • El ‘si vosotros leéis, ellos también lo harán’, sigue siendo válido, porque aunque no lo creamos los padres tenemos la capacidad de educar incluso cuando no estamos hablando. Esto también incluye apagar la televisión y el ordenador mientras estamos leyendo, para evitar interrupciones.
  • A partir de los siete años pueden leer en silencio si tienen fluidez y han adquirido comprensión lectora, pero ¡qué hay de esas veladas en las que los padres escenifican historias, inventan voces y se emocionan ante un final inesperado!
Dadle valor a la lectura en voz alta incluso cuando vuestros hijos ya son capaces de leer en solitario en su rincón de lectura, y hacedlo también para incentivar el interés de los más pequeños. No olvidemos la oportunidad de aprender que lleva intrínseca la transmisión oral de las historias
  • Los libros no son solo para ‘saborearlos’ en casa. ¿Por qué no permitirles que los lleven al parque, a la playa, durante el viaje, a la cafetería?, ¿cómo pretender que lean como una imposición y después no dejarles que lo hagan dónde les plazca?
  • Dejadles elegir sus géneros literarios preferidos: ya sé que la poesía es muy bonita y que los ensayos de teatro resultan instructivos, pero de verdad que no hay nada de malo en que prefieran las historias de terror o los cómics. Probad algo: que escojan lecturas para sus momentos de ocio, y leed lo que más os guste para ellos en los ‘momentos literarios en familia’.
  • Incentivad la lectura compartida con los amigos, yo lo suelo poner en práctica: a todos los niños les gusta que un adulto les lea. Fácil no es porque parece que hoy en día a algunos pequeños les resulta incómodo estar concentrados escuchando (incluso jugando a juegos de mesa), pero la mayoría lo agradecen.
  • Lo hemos dicho muchas veces, pero no os canséis de visitar bibliotecas con los niños y de ayudarles a que tengan su propia colección de libros.

Y por último nunca es tarde para empezar, y menos ahora en verano… tenemos más tiempo y pondremos la semilla de un hábito saludable, educativo y que nos permitirá tener más motivos para relacionarnos en familia.

Imagen | Neeta Lind
En Peques y Más | El hogar se puede convertir en el espacio y medio adecuado para desarrollar las competencias básicas: comunicación lingüística, Estáis invitados a escuchar historias y también a contarlas, porque es el Día de la Narración Oral

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