El escondite, liebre, pídola, el balón prisionero, el pañuelo… En cuanto acaba el curso se me vienen a la cabeza todos aquellos juegos de mi niñez, cuando las vacaciones de verano eran un tiempo de esparcimiento casi siempre al aire libre.
Por raro que nos pueda parecer estos divertidísimos juegos son casi desconocidos para nuestros hijos, en una época en la que la tecnología ocupa la gran mayoría del tiempo de ocio de niños y mayores.
Hoy es el último día del curso para mis hijas y están emocionadas ante la idea de aparcar madrugones, libros y deberes, el curso se hace largo y los niños ya están cansados. Aunque estoy convencida de que los primeros días disfrutarán el cambio también soy consciente de que la mayoría de ellos pronto comenzará a aburrirse.
Nuestro estilo de vida hace que muchos niños apenas se vean con sus amigos durante la temporada estival, salen poco de casa o sólo lo hacen para asistir a actividades organizadas, dónde hay poco tiempo para el juego libre.
Lo bueno del asunto es que tiene solución: buscar un parque tranquilo y quedar allí con otras familias, todos los días a una determinada hora, hablar a nuestros hijos de aquellos juegos que nos gustaban de niños y animarles a probar. En cuanto descubran lo divertido que puede ser jugar en la calle se olvidarán de la televisión y las consolas.
Mientras tanto los padres pueden charlar entre ellos o (¿por qué no?) participar en los juegos y disfrutar por un rato de aquellos juegos que tanto les gustaban de niños. Si os animáis a probar no dejéis de contarnos, os aseguro que será una experiencia inolvidable.
¡Me pido “primer”!
Foto | Andy Siharath
En Peques y más | La importancia del juego en el desarrollo del niño
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