
Todos sabemos más o menos qué es la ansiedad, y muchos adultos la han padecido en alguna ocasión: se trata de una emoción básica, y resulta ser una forma de adaptación para superar con mayor éxito las sensaciones que nos provocan situaciones de peligro, estresantes o cargadas de incertidumbre.
Sabemos que los niños también pueden verse afectados, y de hecho está considerada la patología mental más diagnosticada después de los trastornos del comportamiento. Ya sabéis que no me gusta poner rótulos a los niños, pero creo que nos tenemos que plantear las causas de que los niños presenten síntomas relacionados con la ansiedad, y como mínimo conocer sus formas de presentación, para después buscar los medios a nuestro alcance a fin de poner soluciones.
Soy más partidaria de centrarme en las soluciones que en las causas, por eso no me voy a perder en la maraña de estudios que intentan determinar si la ansiedad tiene un origen biológico, o puede ser más frecuente cuando existen desequilibrios químicos. Sin embargo estoy convencida de que los niños también pueden aprender (para bien y para mal) de nuestras reacciones a situaciones estresantes, por lo que la primera enseñanza ante la ansiedad que les transmitimos, les llega sin nosotros pretenderlo.
Los cambios repentinos e inesperados les ponen nerviosos
Son variadas, y personalmente sólo las encuentro útiles para entender el problema, pero no dudéis de que hay ocasiones en las que el consejo del pediatra, tutor del colegio o médico de familia nos puede venir muy bien. Pero por encima de todo nos debe mover el sentido común, y por ello es bueno buscar diferentes opiniones que nos ayuden a tomar una mejor decisión.
Es útil ponernos en el lugar de los niños para que se sientan comprendidos, y nunca banalizar sus sentimientos.
Además de buscar consejo profesional, los padres pueden poner nombre a las emociones, y hacer que el niño se sienta apoyado.
Es normal que los niños presenten angustia o que se muestren ansiosos coincidiendo con acontecimientos que alterarán su vida cotidiana: el final de las vacaciones de verano, la operación quirúrgica que sufrirá papá, el nacimiento de un hermanito, un cambio de ciudad, etc. Los padres debemos entender sus preocupaciones, ayudarles a expresar emociones y determinar cuándo interfieren seriamente en su vida cotidiana.
Con demasiada frecuencia que nosotros mismos nos veamos desbordados al no saber cómo ayudar a los niños, y también sucede que retrasamos la búsqueda de soluciones, pero pensad que el tiempo pasa, y no siempre a nuestro favor.En primer lugar deberíamos pensar si está en nuestras manos ayudar a los hijos, para (en caso de descartar esta opción) después encontrar ayuda externa
Estas orientaciones está recogidas de la Asociación de Salud Mental de Westchester / Nueva York(Estados Unidos):
Algunos niños repiten el mismo juego una y otra vez cuando han estado implicados en una situación traumática
Algunos de los numerosos síntomas de la ansiedad se manifiestan en forma de dolor u opresión en el pecho, palpitaciones, contracturas en cuello, hombros y espalda, náuseas, irritabilidad, alternaciones de sueño, fatiga o sensación de estar sufriendo
En mi opinión, al margen de situaciones particulares que pueden ser generadoras de ansiedad, todos estamos sometidos cada vez a mayores niveles de estrés, y este es un factor que no ayuda a mejorar la ansiedad en los niños. Sin embargo, como adultos nos debemos plantear cuáles son nuestras propias respuestas ante estas situaciones, y cómo podemos ayudar a nuestros hijos.
Imagen | ammgramm
En Peques y Más | La ansiedad por la separación es un trastorno cada vez mas frecuente en nuestros hijos, “Cómo educar las emociones” es un cuaderno con información y aplicaciones práctica que pone al niño como punto central de interés