Si tu hijo se pilla un dedo con una puerta, ventana o cajón, consuélale con mimos pero no le niegues el dolor. Los adultos sabemos que duele mucho, a todos no ha pasado alguna vez, cuando a tu hijo le pase no le digas que no pasa nada, pues negarás lo que siente. Pregúntale que le ha ocurrido cuando esté más tranquilo y a continuación observemos el dedo para ver que se ha hecho.
- Si la puerta se cerró despacio tendrá el dedo dolorido y poco más, ponlo debajo de agua fría o aplícale un poco de aceite de oliva. Si se pone más mimoso préstale atención para que vea que te interesas por su bienestar, el dolor cuando se tuerce una uña es bastante doloroso.
- Si notas en la uña unas líneas blancas es que se le ha torcido bastante, aplícale hielo metiendo el dedo en hielo, pero protégele el dedo con una gasa o similar. Al día siguiente si lo tiene excesivamente rojo, el dedo tiene fiebre (el niño notará el pulso intensamente) o notas que la uña se está poniendo negra llévale al médico para que le eche un vistazo.
Hay muchos focos de peligro en el hogar, desde pequeños les tenemos que contar los peligros de poner los dedos en los marcos de las puertas (protegerlas con salvadedos), cerrar y abrir siempre los cajones cogiendo sus tiradores, no intentar levantar muebles o camas para coger algún juguete (esto lo suelen hacer en compañía de otros niños y sueltan por el peso). En el coche también hay que tener cuidado, la última pillada de un dedo que he visto sucedió con una puerta de un maletero.
Cuando se pillan algún dedo del pie será igual de doloroso, actuaremos de la misma manera que con los dedos de la mano. Aquí suelen ocurrir más por dar patadas a objetos duros o por dejar caer un peso que lleven en las manos. También se dan casos que les pase solo por andar, tener un traspiés y doblarte la uña, sobre todo con el calzado del verano.
Imagen | Vedia
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A mi me da que muchas veces sobrepreocupamos a los niños. O mejor dicho, hay padres sobreprotectores y que pierden la calma y la compostura cuando su niño o su niña se caen al suelo. Os cuento un caso, y por qué creo que siempre hay que mantener la calma, SIEMPRE:
- Estábamos tomando un vino en un local, y había unos niños pequeños por ahí, jugando, sin molestar ni nada claro. De repente, uno de ellos estaba al lado de la puerta del local y metió el dedo en la parte donde las bisagras, y claro, se lo pilló. El niño estaba tranquilo, extrañado e imagino que le dolería, pero era un dedito tan pequeño que encajaba en el hueco casi.
Tan pronto se dieron cuenta la madre, y las que la acompañaban, se pusieron a gritar y a correr a por el niño, asustándolo y provocando que se pusiera a llorar.
A mi esta forma de actuar me parece pésima, con todas las letras. Es más, me enfada. Los niños se hacen daño, todos nos lo hemos hecho, pero lo que no se debe hacer es asustar a un niño. Creo (y de verdad, no soy padre ni quiero hacerme pasar por uno) que las figuras materna y paterna deben proporcionar siempre seguridad a los niños. Histerismos o sobreprotección les hacen muy flaco favor.
Creo que hay que preocuparse por los hijos de uno, pero en ningún caso hay que enseñar al niño conductas que fomenten el histerismo y la pérdida de la compostura, ¿qué pensáis?
A mí me parece lógico, si yo voy por la calle y me caigo y alguien me ayuda a levantarme y me pregunta si estoy bien, me siento tranquila, pero si me caigo y de repente alguien aparece gritando "¡Deprisa, llamen a una ambulancia!" supongo que pensaría que me he hecho algo mucho más grave de lo que creo... me parece que tiene lógica.
Pues sí, los niños acaban siendo un reflejo de los rostros, no solo de las acciones, de sus padres.