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Faringitis

Con el frio llegan los catarros, las gripes, las otitis, las laringitis y las faringitis. Vamos a intentar aclarar un poco lo que es la faringitis que podemos sufrirla todos aunque suele presentarse más frecuentemente en niños en edad escolar. Como es una enfermedad infecciosa que se transmite por la secreción nasal y saliva con frecuencia se propaga entre los miembros de la familia.

La faringitis es la inflamación de la mucosa que reviste la faringe y se debe a una infección por bacterias, generalmente el estreptococo beta-hemolítico. Los principales síntomas son: malestar general, dolor de cabeza, dificultad para tragar, presencia de placas en las amígdalas, picor y enrojecimiento de garganta, mal aliento, fiebre alta, dolor muscular, pérdida de apetito e inflamación de los ganglios linfáticos.

En cuanto al tratamiento, lo primero que debemos hacer es llevar al peque al médico y si está ya muy malito avisar al doctor para que venga a visitarlo a casa. El médico llevará a cabo un examen físico y de garganta y sólo el nos dirá que tratamiento hay que aplicar. En muchos casos, aunque no en todos, los médicos recetan antibióticos durante unos días para tratarla.

Aproximadamente durante las primeras 24 horas de tratamiento antibiótico, al niño le bajará la fiebre, y dejará de ser contagioso. Entre el segundo y el tercer día de tratamiento, los demás síntomas también deberían empezar a remitir. A pesar de que es posible que esos días el peque deje de encontrarse mal, es muy importante completar el ciclo de tratamiento antibiótico.

Para evitar el contagio de la enfermedad a otros miembros de la familia, debemos evitar usar sus cubiertos, platos y por supuesto lavarlos con agua caliente y jabón después de cada uso. Asimismo, hay que intentar que el peque no comparta alimentos, bebidas, pañuelos ni toallas con el resto de la familia y también procurar que se tape la boca y la nariz al toser o estornudar para evitar las gotas de secreciones infecciosas.

Otros remedios que podemos aplicar a nivel casero y que no curan pero ayudan a mejorar son beber abundantes líquidos frescos (debemos evitar darle zumos cítricos ya que en estos casos podrían irritarle más la garganta), mucho reposo y darle líquidos calientes como sopas o caldos que pueden aliviarle el dolor de garganta. También se recomienda hacer gárgaras varias veces al día con agua tibia con sal (½ cucharadita de sal en 1 taza de agua), lo que no debemos olvidar es que siempre hay que seguir las instrucciones del médico.

Y como siempre os aconsejamos lo mejor para los peques es mucha atención y mimos.

Imagen | anjanettew

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