Es muy importante extremar las medidas de higiene para la prevención de la parasitosis intestinal

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Los parásitos intestinales pueden aparecer en cualquier persona sin depender de su edad, pero son muy frecuentes en los niños, algunos son molestos y otros viven en nosotros sin ocasionar síntomas. Lo que es importante reconocer es que un organismo debería estar sanísimo para poder luchar por sí mismo contra estos agentes, por eso son importantes las medidas de prevención, además de la consulta al profesional en el que confiemos, cuando se haya producido un episodio de parasitosis en casa.

Creemos que una buena forma de que no aparezcan (o reaparezcan) estos molestos inquilinos es extremar las medidas higiénicas y de salud. Es obvio que si vuestros pequeños tienen algún episodio de parasitosis, deberéis consultar al pediatra para que establezca el tratamiento adecuado, pero a partir de ahí es tarea de todos no volverlos a contraer.

He ilustrado el post con esta foto de un niño llevándose la mano a la boca, porque es la vía de entrada de los gusanos y parásitos en el cuerpo.

Una de las infestaciones más comunes es la llamada “oxiurasis” (el agente causante son las conocidas como lombrices), a la que están expuestos niños en edad escolar así como los adultos que los cuidan. Puesto que los huevos pueden pasar de mano en mano, e incluso quedar depositados en objetos (por ejemplo juguetes), el contagio es fácil. La sintomatología incluye picor en el ano, inquietud, inapetencia y también se relaciona con la aparición de episodios de bruxismo. Esto ocurre sobre todo cuando las hembras maduran y descienden a depositar sus huevos, con las consiguientes molestias.

Otro de los huéspedes con forma de gusano es el “ascaridiasis lumbricoides” , que habita en el intestino delgado y puede llegar a ser muy largo. No siempre ocasiona una sintomalogía clara pero pueden obstruir el tránsito intestinal, de todas formas y debido a su tamaño, la observación en las heces de los niños es evidente.

Por otra parte está la “giardiasis” , provocada por un parásito que es observable sólo con microscopio. El contagio se puede producir a través de agua, alimentos crudos infectados u otras manos que puedan haber tocado superficies contaminadas (como ejemplo los adultos que cambian a peques que aún no controlan esfínteres y presentan esta infección). Entre la sintomatología aparecen las náuseas, diarrea, deshidratación,…, ya sabéis que siempre es mejor acudir al médico ante cualquier sospecha.

Los parásitos necesitan un huésped donde sobrevivir, se localizan mayoritariamente en los intestinos, y existen tratamientos farmacológicos (así como remedios naturales) que los combaten. Sin embargo la medida más efectiva es la prevención, así en lo tocante a la higiene (y cuando algún miembro de la familia haya sido afectado): deberemos llevar las uñas cortas, lavarnos frecuentemente las manos, utilizar toallas para cada persona y lavar la ropa – también la de cama – con agua caliente.

Asimismo resulta muy aconsejable para evitar la aparición de parásitos lavar muy bien las verduras y frutas, y muy especialmente las que vayan a consumirse crudas, también se deben descartar las carnes semicrudas. Hay quien recomienda evitar harinas y azúcares refinados, porque al carecer de fibra no ayudan al fortalecimiento de los intestinos para luchar contra estos pequeños “intrusos”.

Si aparece este problema en vuestra casa no os auto mediquéis, ni mediquéis a vuestros hijos, sin consultar con el médico. Solo un profesional puede determinar la clase de infección que sufre vuestro pequeño y recomendar el tratamiento pertinente. Antes de acabar vuelvo al tema del lavado de manos, porque es muy importante que los peques se acostumbren a lavar cuando llegan de la calle, antes de las comidas y – por supuesto – con más énfasis, después de haber tocado tierra.

Imagen | Mel B.

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