Ventajas de los colegios rurales

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Mis hijas mayores acuden a un CRA, Colegio Rural Agrupado. Este tipo de colegios se crean en zonas en las que por la dispersión geográfica del alumnado no es posible hacer un gran colegio. Varias aulas en diferentes localidades componen la entidad cuyos profesores en materias especializadas (música, religión, educación física, etc. ) se trasladan de un aula a otra para impartir sus clases.

Algunas personas de mi entorno me han dado a entender que, en su opinión, la enseñanza es de menor calidad en estos colegios que en los de toda la vida. Nada más lejos de la realidad, puede que estudiar en una pequeña escuela tenga inconvenientes, pero también tiene claras ventajas.

Los niños están repartidos en clases, que se van desdoblando a medida que hay más alumnos. En el momento actual hay cuatro clases en la escuela: Infantil, Primer ciclo, Segundo ciclo y Tercer ciclo, es decir que los alumnos de primero comparten espacio y profesores con los de segundo curso. Aquí es dónde mucha gente piensa que se pierde calidad, y es una de las cosas que más ventajas me parece a mí que tiene.

Los niños aprenden mucho más al estudiar juntos: un niño de primero que escucha al profesor explicar a los de segundo tendrá cierta aproximación a la materia que le ayudará a familiarizarse antes con los conceptos cuando llegue el próximo curso. Por otro lado, una vez en segundo curso, también estará presente cuando expliquen la materia de primero y así repasará y fijará todo lo que aprendió el año anterior. Como técnica de estudio es una gran herramienta, ya que les permite anticipar la materia antes y repasarla después.

Luego está el tema del número de niños, en cada curso hay una media de seis niños, unos doce por clase. Esto hace que el profesor los conozca mejor, sabe quién lleva un tema bien y quién no, y le resulta muy sencillo detectar cuando alguno se le “descuelga” del ritmo de clase. Así la toma de medidas es más rápida, y el niño no se queda rezagado: se le explica la materia que no entiende y todos siguen adelante.

Pero si hay algo que de verdad me gusta de esta escuela es la mezcla de edades. En un colegio de cincuenta niños todos se conocen, y cuando llega la hora del recreo todos juegan juntos. Eso es algo que se pierde en los grandes colegios: la ventaja que tienen los pequeños de tener modelos, saber como serán en un par de años, como se comportan y a que juegan los niños más grandes es un aprendizaje importante. Ahora que ya no se juega tanto en la calle, que se ha perdido el concepto de tribu, mis hijas tienen la ventaja de compartir experiencias junto a niños de todas las edades.

En definitiva creo que en la educación, cómo en casi todo, hay que valorar siempre las cosas, buenas y malas, de cada opción y sacudirnos los prejuicios que nos llevan a pensar que cualquier cosa diferente de lo habitual tiene que ser irremediablemente peor. La sabiduría popular dice que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero ¿seguro que todos pensamos así?

Foto | Dan4th Nicholas

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