Aunque a muchos les parezca que solo los adultos sufrimos del síndrome post vacacional, los niños también pasan por ello. Las vacaciones que ellos tienen son bastante largas y los hábitos y costumbres del año se ven algo alterados, los horarios cambian y disponen de muchísimo más tiempo para el juego.
El final de sus vacaciones se va acercando, cada vez queda menos para el regreso a las aulas, podríamos decir que comienza la cuenta atrás y en breve, dependiendo de cada zona serán una o dos semanas a lo sumo, tendrán que volver a las clases y a unos horarios más controlados.
No solo la vuelta a la rutina se hace un poco dura, el nerviosismo propio del comienzo del curso también suele hacer acto de presencia durante los días previos a la incorporación al cole. Libros nuevos, clase nueva, quizá profesor o profesora nuevos y el reencuentro con sus compañeros pueden pasar factura, pasando por un estado de ánimo más inestable.
Cada nuevo curso representa un gran reto en el niño, es un peldaño más a subir en su escalera particular del aprendizaje, y esto requiere esfuerzo y constancia, dejándole menos tiempo para el juego y diversión. La adquisición de nuevos conceptos y el miedo a lo difícil que pueda llegar a resultarles el curso, hacen que se sientan más presionados ante la incertidumbre de lo que les queda por venir.
Lo que aconsejan los profesionales es ir adaptándose gradualmente a la nueva situación, ir poco a poco regulando los nuevos horarios para que su incorporación al mundo escolar se haga lo más natural posible. En nuestro caso empezaremos ya desde mañana a ir adaptándonos al horario que tendremos en unas dos semanas.
Por otro lado, dado que mi hijo empieza ya su etapa en la educación primaria, va a necesitar de muchísimo apoyo para encontrarse respaldado ante lo que será un curso bastante duro para él, y para todos los que pasan a otra etapa superior. Un cambio radical en el colegio que le va a suponer afrontar una nueva situación totalmente desconocida para él, dado que ya no se sentará en grupo ni tienen los rincones de juegos.
En mi opinión, en estos últimos días, deberíamos no presionar demasiado a los niños, no pintarles el panorama demasiado negro y no recordarles constantemente el esfuerzo que tienen que hacer este curso y lo difícil que será para ellos si no se esfuerzan desde el primer momento.
Enseñarles los libros de texto que estudiarán, sentarnos con ellos a mirar sus dibujos, o fotografías, y hacer algún comentario sobre su contenido, avanzándoles así sutilmente su contenido, puede ser un incentivo para ellos y así podrán confirmar que sus padres también pueden resultar de mucha ayuda a la hora de resolver sus dudas.
Vía | La voz digital, Diariocrítico
Imagen | XavMP
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