¿Se pueden evitar los castigos en el colegio?

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Castigos en clase

¿Sabéis?, hay muchos aspectos de la educación que no acabo de ver claros, ¿cómo es que impulsamos el avance en métodos educativos y de aprendizaje, y continuamos aceptando el castigo como forma de controlar el comportamiento de los alumnos?.

Es evidente que en la actualidad, los profesores se enfrentan a muchos ‘problemas disciplinarios’, y que hay situaciones ante las que se debe actuar decididamente. Pero ¿realmente es necesario castigar a un niño a copiar o ‘sin recreo’ porque no ha hecho los deberes, o por que se levanta más de la cuenta a la papelera para afilar el lápiz?

Entiendo que la organización de un complejo educativo no es nada sencilla, pero mirar la disciplina sólo desde el punto de vista de la ordenación interna, implica que no se tengan en cuenta otras variables, ni siquiera los factores individuales del alumnado. A priori, parecería más sensato (no digo más fácil de aplicar) prevenir los comportamientos inadecuados.

No se trata de ‘quitar la autoridad’ a los profesores, como dirían algunos, sino de conseguir la colaboración de los alumnos para conseguir el objetivo propuesto (orden en la clase, finalización de las tareas), de prestar una ayuda especial a aquellos niños que muestran un comportamiento claramente conflictivo, y de empezar a implantar técnicas de resolución de conflictos, que ayudarían al desarrollo social de los pequeños.

Incluso en situaciones graves como violencia entre compañeros, es necesario no perder de vista que la integridad del alumno no se debe ver dañada, aunque si que deberá reparar las consecuencias de sus actos

Y es que no parece que el castigo tenga un efecto duradero, o que sirva para los fines propuestos, claro que soluciona el problema en el momento, pero no es una opción a largo plazo. Pero por otro lado no es positivo para los alumnos, ¿queréis algún ejemplo?, ‘que te envíen a la clase de los más pequeños’ es una humillación y puede ser causa de las burlas de los compañeros, ser obligado a aislarse en una silla sin comunicarse con el resto de la clase, es inhibir la necesidad de socializar y de relacionarse con los demás.

Pero ¡no es para tanto!

Dirían algunos, y sin embargo yo opino que los castigos reiterados si que hacen mella en las emociones, e incluso en el rendimiento de los alumnos. Y no sólo lo pienso yo, porque hay estudios como aquel realizado por Pediatrics, en el que aseguraban que el comportamiento mejora tras el tiempo de recreo, y que los niños pueden concentrarse mejor si disfrutan del patio.

Muchos padres están a favor de los castigos en la escuela, y esta puede ser una de las razones de que perduren en el tiempo, ¿a qué tenemos miedo? Porque no es más que el temor el que nos impulsa a cerrar la boca en lugar de prestar nuestra colaboración a los profesores, de posicionarnos al lado de nuestros hijos pero sin despreciar la institución educativa. Al fin y al cabo nuestros hijos sólo nos tienen a nosotros para defenderles.

Ojo que no aplaudo a aquellos padres que ignoran las demandas afectivas de sus hijos, pero atacan implícita o explícitamente a los profesores porque les han castigado.

¿Estoy diciendo que no se debe ‘corregir’ a los alumnos?

Por si alguien lo duda, os digo que NO es lo que pretendo: obviamente es difícil dar una clase si hay niños paseándose entre las sillas, replicando al profesor sin aguardar el turno, o dando patadas a los compañeros. Y tampoco se debe tolerar la violencia en el patio, ni la falta de respeto a los profesores.

Los niños deben ser guiados por sus familias y educadores, han de entender que para mantener el equilibrio de la sociedad, los demás esperan de ellos un determinado comportamiento, aunque también que siempre habrá alguien dispuesto a escucharle si tiene problemas o a volverle a explicar que las otras personas también tienen necesidades.

Uno de los inconvenientes que nos podemos encontrar en la actualidad, es que la presencia de muchos padres es escasa, debido a motivos laborales, y por lo tanto hay poco tiempo para educar a los hijos. Pero en cualquier caso quizás una comunicación más estrecha entre la familia y la escuela sería decisiva para mejorar algunos de los problemas que surgen en las aulas.

Niña castigada

No sólo los niños deben ‘portarse bien’

No me gusta emplear estas palabras ‘portarse bien’, porque me parece que implican que alguien externo a la persona pueda actuar como juez para decidir si me he portado bien o no. Además sólo las aplicamos a los niños, ¿no es injusto?, ¿es que los padres no nos portamos mal en ocasiones con ellos?, ¿y los profesores? Por otra parte los peques aunque sean menores también deben ser respetados.

Mejor lo enfocamos a esos comportamientos que pueden deteriorar el funcionamiento de una clase, que puedan provocar daños a personas u objetos, o que traigan como consecuencia una agresión a la dignidad de otros alumnos o de los profesores. De esta manera se puede definir más claramente lo que esperamos de los alumnos desde un punto de vista objetivo, e intentar alcanzar la meta conjuntamente.

Las soluciones

No las tengo todas en la mano, pero estoy convencida de que una persona puede llegar a la autodisciplina (ya en la adolescencia) si ha tenido oportunidades para socializar, discernir y adquirir espíritu crítico. Me he encontrado con grupos de adolescentes capaces de auto regularse y de limitarse a sí mismos: estos chicos conocen bien sus derechos, pero también saben ponerse en el lugar de los demás.

Mientras tanto (es decir con niños más pequeños), pueden funcionar muy bien los refuerzos positivos, la resolución de conflictos, ayudas especiales para niños que tengan dificultades manifiestas para funcionar al mismo ritmo que sus compañeros, las asambleas participativas, la vigilancia activa en los patios, la total implicación de las familias, …

Y por parte de los docentes es útil asumir que transmiten conocimientos pero también forman personas, porque cualquier cosa que ellos hagan o digan puede servir de modelo a los niños. El currículo educativo está repleto de contenidos necesarios, aunque seguro que faltan espacios para atender las emociones.

Es difícil pero (quizás) no imposible, ¿por qué no intentarlo?, la sociedad necesita muchos cambios, y no todos son atribuibles a la acción de la escuela. Debemos acostumbrarnos a dialogar, a entender a los demás, y también a priorizar el bienestar de la infancia. Os dejo con esta entrevista a Eva Díaz, que es orientadora escolar, y nos cuenta ‘que los castigos deberían ser la última medida a tomar, aunque no lo son, y que se debería incidir más en la prevención’

Imagen | USAG-Humphreys, Ctd 2005
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