Los zapatos del colegio se destrozan por las punteras, a la imagen me remito. Pero no por las puntas sino por la zona que está más abajo del empeine. Ese área cuando se tiran al suelo y se ponen de rodillas la rozan hasta casi sacar chispas por lo que no hay zapato que aguante. Cuando el calzado alcanza un nivel de destrozamiento exagerado lo mejor es tirarlo y si el tiempo de duración ha sido escaso, revisar cambiar la marca y probar otra.
Desde Peques y Más hacemos un ruego a los fabricantes de zapatos de niños, de entre tres y siete años, para que refuercen esa zona de los zapatos con protecciones para que sea un poco más duradero el calzado. Quizá deban tener en cuenta en sus test de pruebas este tipo de comportamiento en las escuelas.
Con este uso exagerado de los zapatos el riesgo de que los niños lleguen a casa con los dedos visibles es elevado, ¿verdad? También les pasa lo mismo a las zapatillas deportivas porque el gimnasio o el patio son otros lugares preferidos para tirarse de rodillas y rozar las punteras con más abrasión todavía que en el aula.
Y es que los zapatos infantiles para el colegio se utilizan durante más de ocho horas al día, por eso es fundamental, además de que sean cómodos, que sean resistentes y duraderos, con refuerzos en las suelas, punteras y talones para sujetar el tobillo de forma correcta. Otra misión es que también den calorcito al pie de los niños.
Imagen | Marcos López

Comentarios
Me parece que lo llevas claro para que te hagan caso: así consiguen que compremos más zapatos.
Buscaremos otras marcas entonces. Pero estoy de acuerdo contigo. Habrá que comprar más zapatos.
Sí, yo lo tengo claro: comprarlos lo más barato posible, porque todos duran igual, bien por uso o por crecimiento. Y no creo que haya riesgo para los niños.
Claro, con tanto trote no me extraña. Aunque a mi de pequeño se me estropeaba sobre todo en el lado interno, porque solía andar metiendo los pies hacia el centro.
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