La escuela pública es patrimonio de todos y supone poder responder a los retos actuales derivados de la crisis y la globalización

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Son tiempos difíciles para la Educación Pública: amenazas de recortes en los presupuestos, colegios con deficiencias en equipamientos básicos, protestas de la comunidad educativa y… los niños que salen perdiendo. Porque lo que está en juego es un servicio público dirigido a todos, que sea moderno y de calidad, y que esté orientado a la formación de ciudadanos. En definitiva una Escuela Democrática.

He encontrado en la web de la Confederación Española de Padres de Alumnos (CEAPA) un artículo de un catedrático de Políitica de la Educación en la UNED, se trata de D. Manuel de Puelles, quien afirma que la educación pública es la que puede afrontar con más garantías de éxito retos derivados de la globalización y la crisis actual, como la integración social, la interculturalidad y la cohesión territorial, entre otros.

Podéis acceder directamente al artículo, por mi parte os voy a hablar de los aspectos más importantes que se plantean, resumiendo su contenido.

Con un planteamiento muy clarificador y directo, Manuel de Puelles nos cuenta que “en los países europeos con los que nos gusta compararnos, la escuela pública cumple la función de integrar a toda la población porque sólo ella llega a todos, con independencia del lugar de residencia”.

Pero es que, además, queda claro que sólo la educación pública es capaz de integrar a todos los ciudadanos: sólo ella ofrece un espacio público donde, durante un largo periodo de años, pueden convivir niños y niñas de todas las clases sociales, etnias y culturas, sólo ella tiene la potencialidad de convertirse en una escuela inclusiva.

Si queremos que todas las familias puedan afrontar sin discriminaciones de ningún tipo esos retos, es preciso que dispongamos, todos, de una escuela pública fuerte, saneada y de calidad. Es necesario un cambio de cultura respecto de la escuela pública

¿Qué características debería cumplir la Escuela Pública?

Debe ser laica porque sólo esto puede satisfacer la necesidad de todos los alumnos con independencia del lugar de procedencia o cultura. La laicidad que se plantea no es beligerante, únicamente se pretende ofrecer un lugar de convivencia común para dejar de lado las diferencias. Es decir, no se busca una escuela atea, agnóstica o anticlerical, sino una educación que acepte el pluralismo religioso, filosófico, ideológico, político y moral de la sociedad.

También debe ser democrática, y ¿por qué? pues porque está formando los ciudadanos del futuro, y debe hacerlo educando en virtudes cíficas y preparándolos mediante una cultura política constituida por los valores democráticos de nuestra Constitución. Y, por supuesto debe convertirse en modelo de transmisión de valores que garanticen la convivencia pacífica.

Pero de qué sirve todo lo anterior si no se dota a esta escuela pública de calidad. Más allá de poner el énfasis en la “escolarización”, se debería procurar dotar de los medios que se necesitan para cumplir los fines señalados y hacerlo con calidad.

No facilitar esos medios a la escuela pública, como está ocurriendo en algunas comunidades autónomas, es volver a la concepción decimonónica de una escuela pública residual. La escuela pública debe cumplir con las funciones que hemos señalado y debe hacerlo con la máxima calidad y la máxima equidad social

¿Qué funciones está cumpliendo la Escuela Pública?

Obviamente, entra en juego la integración social, y esto es así para no reproducir el modelo de estratificación social vigente. Por eso, la política adoptada en algunas comunidades autónomas contraviene el principio de igualdad cuando aceptan que los centros concertados sostenidos con fondos públicos adopten procedimientos de admisión claramente discriminatorios. La Escuela Pública no puede volver a ser una reserva para todos los que carecen de recursos económicos.

Hablemos ahora de la función intercultural, ya que esto responde a las necesidades y retos que plantea el fenómeno de la inmigración, visto desde el punto de vista de la pluralidad.

Y también se cumple una función interterritorial porque esta, a escala nacional y europea, responde a la necesidad de una nueva vertebración social, territorial y cultural, esto es, a reforzar los lazos de cohesión territorial, solidaridad e identidad colectiva en un país que ha pasado por un profundo proceso de descentralización desarrollado a velocidad vertiginosa, a la vez que se integraba decididamente en Europa

Hora es ya de que, como sucede en la mayor parte de los países europeos, la escuela pública sea patrimonio de todos, de la derecha y de la izquierda, del Estado y de las comunidades autónomas. Pero no sólo de ellos. También de los actores sociales, especialmente los sindicatos y asociaciones docentes, y de la comunidad escolar.

La nueva escuela pública tiene que ser de todos. Sólo así podremos responder al formidable reto de un futuro – el futuro es siempre problemático – que está ya ante nosotros, cargado, si cabe, de mayores riesgos que nunca

Os dejo el enlace al último número de la revista Padres y Madres de CEAPA, dónde encontraréis este excelente artículo. Gracias a CEAPA y a D. Manuel Puelles, por haber permitido su reproducción en nuestro blog.

Imagen | José Kevo
Fuente | CEAPA
En Peques y Más | Postura de CEAPA ante los recortes en la escuela pública

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