
Ha tenido mi hija acceso a la máquina de escribir en casa de su abuela y ha escrito lo que se muestra en la fotografía. Lo más interesante es que ha hecho de una actividad un pelín aburrida un divertimento y un reto que le ha llenado y entretenido.
La máquina de escribir es una Olympia como las que muchos padres lectores hemos utilizado cuando el ordenador estaba muy embrionario o inexistente, en este caso la utilizaron su madre y su tía para hacer los trabajos del colegio y probablemente de la Universidad.
Este tipo de artefactos son muy atractivos para los niños porque tienen funciones que no están acostumbrados a utilizar y que resultan muy llamativos. Eso de apretar unas letras, que salgan de no se sabe dónde unas patas y que el papel quede marcado con una letra como la que ha apretado le debe romper los esquemas para alguien que ya ha nacido viendo que lo que escribe en el ordenador aparece en una pantalla.
La canción que escribió la tecleo con su abuela, creo que sin ayuda, y aunque está llena de detalles a mejorar tiene su ritmo, su secuencia y su esfuerzo para resaltar lo de lavarse los dientes. Como se puede apreciar la capacidad de relacionar la fonética con las letras que teclea es mérito del colegio como lo será la matización posterior para alcanzar mejores resultados en la escritura.
Así que ¡ya sabéis! si tenéis una máquina de escribir no muy oculta por algún sitio, probadla con vuestros hijos y ya nos contaréis la experiencia.
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