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El autobús que podéis ver en la imagen es americano (lo habréis podido suponer porque todos los hemos visto en las películas), allí los vehículos destinados a transporte escolar son sólo para eso, es decir no tienen otros usos, y están preparados exclusivamente para garantizar la seguridad de los niños durante los trayectos. En nuestro país se calcula que cada día unos siete millones de niños suben en un bus dos veces al día para ir de casa al cole y viceversa, visto así y si nos dijeran que las medidas de protección no son las adecuadas da bastante miedo, la verdad.

Resulta que que que en 2005 la normativa obligara a los vehículos particulares a utilizar Sistemas de Retención Infantil (SRI), muchos de nosotros (no digo todos porque soy consciente que hay quien dice “total para ir hasta el cole que está tan cerca no hace falta llevar al niño en la sillita”) hemos ido tomando conciencia de lo importante que es que los niños vayan bien sujetos en el coche. Pero ¿qué ocurre cuando los niños suben a los autobuses? ¿llevan estos también SRI? ¿la consecuencias de que un niño no vaya asegurado correctamente en un autobús son distintas a cuando viaja en el vehículo de su padre en caso de accidente?

Unidos por la Seguridad Infantil es una Asociación sin ánimo de lucro para la prevención de accidentes infantiles, tienen como objetivo concienciar y divulgar la cultura de la prevención en España, desde su site Mikel Garrido (uno de sus integrantes) publicó este artículo que merece la pena leer en su totalidad.

Me ha llamado muchísimo la atención cuando habla de que las estadísticas citan sólo a los muertos en accidente de circulación (yendo en bus) pero no otras consecuencias, muchas de ellas gravísimas, que pueden ocurrir por un hecho en el que yo sinceramente nunca había pensado: el impacto del menor (por ejemplo en el caso de un choque) contra el respaldo del asiento delantero que puede estar equipado con ganchos, ceniceros, mesillas, etc. Y es que los asientos de los autobuses no están diseñados para niños, no hay más que observarlos a simple vista.

Recordemos que en España y desde el año 2007 la ley obliga a que los autobuses de nueva matriculación lleven cinturones, la mayoría serán de dos puntos con excepción de los que se coloquen en asientos situados en lugares más peligrosos. Sin embargo un autocar puede tener uso escolar durante 15 años, así que es muy probable que muchos de ellos ni siquiera cuenten con estos cinturones, aunque también es cierto que los padres hemos ejercido cierta fuerza en este sentido y (almenos) exigimos los cinturones, aunque no protegerían realmente a los niños en caso de accidente

En nuestro país resulta que tenemos una Ley que obliga al uso de sistemas de SRI pero que contempla muchas excepciones: si el autobús no lleva cinturón obviamente no se pueden poner sillitas, pero tampoco si tiene cinturones de dos puntos porque estas no podrían sujetarse adecuadamente, y si los cinturones son de tres puntos pero el SRI no está homologado por el R44 04 con carácter universal tampoco sería obligatorio. Pero más allá de la normativa, ¿nos paramos a pensar en la incoherencia que supone comprar la “sillita más segura del mercado” para llevar a nuestros hijos en el coche y después dejar que vayan en el autobús atados con un cinturón de dos / tres puntos – siendo muy optimista –? Y ya no hablo de una actitud personal sino social o colectiva.

El post es muy interesante y analiza todos los aspectos que a día de hoy dificultan la instalación de SRI en los autobuses que realizan cualquier tipo de servicio escolar (desde viajes al cole diarios hasta excursiones), se explican también las posibles soluciones y la dificultad para aplicar alguna de ellas. Y es que si lo pensamos fríamente ¿cuántos de los autocares que llevan niños a la escuela son utilizados exclusivamente para esto?, yo he visto algunos que trabajan para colegios privados y cuyo uso es exclusivo, pero habitualmente los vehículos que desempeñan esta función pueden ser utilizados durante el mismo día por colectivos diferentes, por lo cual no están adaptados en absoluto para público infantil

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La primera conclusión a la que llega el artículo que os menciono (basándose en la homologación actual de butacas, sujeciones y en los SRI) es que una sillita diseñada para un coche no sirve en un autobús. Es muy esclarecedor también enterarnos de que a pesar de los esfuerzos por parte de las administraciones no es posible cambiar nada porque hoy por hoy no existen alternativas viables, por ejemplo ¿de que sirve que las autoridades verifiquen la seguridad en un autobús?, si es que posee cinturones de dos puntos y cumple la ley ya es suficiente pero es que esto no protege realmente a un niño.

Mikel Garrido analiza cuatro posibles soluciones de las cuales sólo es válida una, yo ruego encarecidamente que os leáis el artículo original si queréis más información porque vale la pena: “no llevar a nuestros hijos en autobuses al colegio”, “que existan (como en Norteamérica) buses sólo de uso escolar”, “adaptar los autobuses para que cumplan los requisitos del R44.04” y como opción más viable “desarrollar una ley de seguridad acorde a la realidad de los autobuses de hoy en día”, que permitiera utilizar dispositivos específicos para este vehículo, que hoy por hoy no están homologados aunque ofrezcan seguridad.

La verdad es que estoy algo perpleja, el otro día leíamos sobre la necesidad de disponer de transportes públicos adecuados para “todos” como manera de reducir la contaminación y de utilizar menos el coche para facilitar espacios vitales a los niños en las ciudades, y hoy os presento este concienzudo escrito que viene a decir que en realidad nuestros hijos no van seguros en los autobuses escolares. ¿No es hora de hablar sobre esto con directores de colegios, Asociaciones de Padres? ¿no ha llegado el momento de que reivindiquemos actuaciones que de verdad protejan a nuestros hijos?

Imágenes | coopah, wallyir
Fuente | Unidos por la Seguridad Infantil
En Peques y Más | Campaña de control de la seguridad del transporte escolar

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