Los niños no saben mucho de economía, pero oyen hablar de la crisis a todas horas. La televisión, la radio, las conversaciones de adultos son ventanas por las que nuestros hijos se asoman a las realidades sociales.
Los adultos siempre intentamos mantener a los niños al margen de esas cuestiones que consideramos “de mayores” y en pocas ocasiones valoramos el interés que podrían tener por entender cosas que en cierta forma también les afectan, tal y cómo explica la socióloga Lourdes Gaitán en su artículo Ellos también sufren
En los países ricos no hay hambre, por mucha crisis que haya dificilmente afectará a las necesidades básicas de nuestros hijos. Lo que muchos si vivirán será el recorte de algunas partidas del presupuesto doméstico: menos dinero para ocio, menos compra de ropa o menos comida a domicilio.
Algunos también sentirán la tensión creciente en sus padres, preocupados por llegar a fin de mes o angustiados ante la posibilidad de perder su empleo, lo que puede suponer cambios más tangibles para ellos: tal vez tengan que dejar las clases de kárate o el comedor escolar.Por suerte las actividades que más gustan a los niños son gratuitas. No hace falta tener dinero para ir al parque, dibujar, bailar o disfrazarse.En este sentido la psicóloga Marina Romeo afirma en El País que la crisis podría servir para frenar el consumismo de los más jóvenes.
Yo soy partidaria de explicar a los niños la situación de un modo general, y sacar lo positivo de esta crisis: explicarles que el dinero no crece en los árboles y que es necesario para la vida cotidiana. Aprovechar para invitarles a colaborar con la economía familiar con pequeños gestos a su alcance: ahorrar luz, cuidar sus cosas para que duren más tiempo y sugerir nuevas formas de ahorro familiar. De estos pequeños gestos podréis leer más próximamente en Peques y más.
Vía | elpais.com
Foto | Marjon Kruik
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