
Todos los días estamos hablando de ser el primero en algo, animamos a nuestros hijos a ganar al fútbol y al parchís, a sacar mejores notas que el vecino, en el colegio se les da pegatinas a los más rápidos y a los que pintan mejor. En definitiva, fomentamos constantemente la competitividad.
Pero, ¿es tan importante ser siempre el primero? Si observamos a nuestro alrededor vemos que para mucha gente sí lo es. Y nuestros hijos también lo ven. Cuánta gente se deja la piel por ganar o se desgañita animando a ello. Y el no conseguirlo es motivo de mal humor o gran pesadumbre. Pero no podemos olvidar que el primero sólo es uno y nunca durante mucho tiempo.
Qué malgasto de energía les espera a nuestros niños si les enseñamos a vivir para superar a otros. Me parece que deberíamos empeñarnos en conseguir otros objetivos para nosotros y para nuestros hijos. Por ejemplo, la superación personal basada en nuestras posibilidades y no en los límites puestos por otra personas, el convivir con los que nos rodean con respeto y empatía…
El deporte es importante y buena parte de su valor está en la competitividad, es verdad. Pero debemos enseñar a ganar y a perder, a ser humilde en el éxito y animoso en la derrota. Y recordar también el placer del deporte sin competición, por pura diversión personal.
Cuántas veces empujamos a nuestros hijos a competiciones que ni les gustan ni desean. Enseñémosles mejor el valor del esfuerzo y de la amistad. Ganarán medallas de felicidad.
Foto | Sebúlcor.
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Y cuantas veces somos nosotros los que nos frustramos al ver que no son ellos los que ganan, queremos animarles pero no toleramos la derrota puesto que nuestro consuelo siempre va unido a un tono dramático que difícilmente engaña a un niño.
Esto lo he visto cada sábado en los partidos de mi hijo y, por suerte, he aprendido a controlarlo y a disfrutar con que juegue, independientemente del resultado. Es ahí cuando realmente todos lo pasamos bien y ellos aprenden a participar por el mero hecho de pasarlo bien.
Estamos acostumbrados a decirles a los niños que jueguen porque pueden ganar y no sólo para divertirse. Pareciera que este es un rédito demasiado pequeño.
Gracias por la entrada Alicia, no me canso de repetir a mi niño que si juega a fútbol es para divertirse con sus compañeros, que si no es feliz en cada entreno y en cada partido no tiene sentido que lo haga.
Estoy totalmente de acuerdo con lo que contáis y además nos sirve para el resto de aspectos generales que nos rodean en esta sociedad tan y tan competitiva.
Esto es como lo de las top models, sólo hay diez en el mundo. No vale la pena obsesionarse. Explicar en casa que la competición no debe ser una obsesión es importante ¡pero se reciben tantos estímulos que deforman nuestro mensaje! ¿verdad?
Y que lo digas Marcos. Tengo una amiga que es mamá de dos niños, bueno una niña y un niño. La niña siente una presión enorme con esto del cuerpo, ¡y eso que solo tiene seis años!. Hay una gran competitividad para ver quien viste mejor, a quien le sienta mejor la ropa, quien es más guapa. Una preadolescencia demasiado precoz diría yo.
La competitividad no se vive sólo en el deporte. El bombardeo nos llega para todo, hay que ser en uno en todo o no eres nada.
Nos dejaremos la vida en ello.
No se si habeis visto tambien el otro extremo
Si alguno ha visto la serie "Como conoci a vuestra madre" en uno de los capitulos se veia como Marshall entrenaba a un equipo de niños en el que Lily los habia educado de manera en la que lo importante era solo jugar, y los niños no se esforzaban por nada, y los partidos de baloncesto los jugaban siempre sin saber el resultado, pues "siempre empataban y ganaban todos"
Esta claro que lo mas importante no es siempre ganar, pero tambien es importante esforzarse por intentar conseguir una meta (Pero no conseguirla a cualquier precio)
Intentar mejorar siempre es algo positivo y esforzarse para conseguir las cosas tambien ya que el dia de mañana el mundo real va a ser asi y en ese si que no van a tener a papa o mama para sonarles los mocos
Ya digo en el artículo que el fin debería ser más bien el esfuerzo personal, la superación de los límites propios. No machacar al contrario ni ser el primero a toda costa.
Los humanos, si no tenemos metas, nos aburrimos. Y cuando nos aburrimos, la liamos.
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