
Aric Sigman es un psicólogo y escritor del Reino Unido que recientemente ha publicado un artículo en la revista Archives of Disease in Childhood. En él afirma que en la actualidad los niños pasan más tiempo viendo la televisión que en la escuela, añadiendo además que esta gran cantidad de tiempo delante de la pantalla es un factor de riesgo para contraer algunas enfermedades con el tiempo (como obesidad y problemas cardiovasculares).
Pero Sigman no sólo habla sobre la televisión, porque el promedio de pantallas en los hogares de Gran Bretaña es de cinco, teniendo en cuenta también que en muchas casas los niños también tienen televisión en las habitaciones, bueno en realidad eso también ocurre en España.
Parte de la comunidad científica del Reino Unido critica a este experto por sus afirmaciones, alegando que los estudios carecen del rigor necesario, pero creo que la cuestión principal es que los padres no deberíamos necesitar ningún tipo de estudio al respecto. A ver, si me dicen que un adolescente británico pasa seis horas entre pantallas (cifra que no difiere mucho de lo que ocurre en España) y uno estadounidense ocho, no me hace falta ningún informe para darme cuenta de que ‘algo está pasando’, y por supuesto sé deducir yo solita que muy sano no es.
Es más nos debe valer nuestra propia experiencia y la de las personas cercanas, para valorar las consecuencias de un uso inadecuado (por tiempo o contenidos) de la televisión. Por ejemplo si después de ver tres horas seguidas de televisión un niño se enfurece cuando se la apagamos, o si van los amigos a su casa a buscarlo para jugar en la calle y él prefiere seguir pegado a la pantalla (aunque el capítulo ya lo ha visto), puede que tenga un problema.
Creo que los padres debemos de tener más autonomía, tanto de los estudios (que están muy bien si actúan sólo como guía) y como de las tendencias que son las que muchas veces nos impulsan a dejar que los peques abusen de consolas y programación televisiva. El mando (en sentido real y metafórico) lo tenemos nosotros, y somos los que decidimos.
En la mayoría de los países europeos hay muchos niños (entre los dos y 10 años) que están visionando una media de cinco horas diarias, y sin irnos a las posibles consecuencias físicas, nos basta el sentido común para entender que se quedan a un lado las relaciones interpersonales, la actividad física, la lectura y en más ocasiones de las deseadas, los estudios.
Sigman (al que deberemos considerar a pesar de que no se le otorga rigor) no es el único que alerta sobre los usos inadecuados de las pantallas, puesto que desde hace unos años diversas investigaciones ya nos están avisando de lo dañina que puede ser la televisión si se ve sin control o durante muchas horas.
La Academia Estadounidense de Pediatría, asegura que el tiempo que los niños pasan frente a la televisión debe limitarse a no más de una o dos horas al día de “programas de calidad”, y las teles no deben colocarse en sus habitaciones
La doctora Gwen Wurm, profesora asistente de pediatría de la Facultad de medicina de la Universidad de Miami, advierte del peligro de que la televisión se convierta en un sustituto de las relaciones humanas. Y señala que en ningún caso los menores de dos años deberían verla.
Esta experta relaciona el visionado frecuente y abusivo de contenidos televisivos con problemas de obesidad, falta de concentración en incluso con un deficiente desarrollo del proceso cognitivo.
Por si alguien necesita recomendaciones al respecto, diremos que:
Cuantas más posibilidades tengan de interactuar con el entorno sin depender de la televisión (deportes, juegos al aire libre, salir a comprar con los padres, visitas a la biblioteca, etc.) más saludable será el crecimiento de los niños.
Imagen | treehouse1977
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