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“Si no se les castiga, ¿cómo van a obedecer?” Esto es lo primero que pensé cuando oí a alguien opinar que no se debe castigar a los niños. Gracias a este comentario, reflexioné sobre el tema y ahora me gustaría compartir mis ideas para alejar un poco más el castigo de nuestra relación con los hijos y alumnos.
Las razones que me hacen pensar que el castigo no es la forma adecuada de educar son muchas, pero se resumen en dos: porque no son eficaces y porque envilecen tanto al que lo impone como al receptor.
Los castigos enseñan, sí, pero no lo que deseamos enseñar, puesto que el fin no es conseguir que se cumplan las normas para evitar el castigo, sino porque aquella tiene una razón. El castigo y el premio apagan la propia conciencia y no servirán para nuevas situaciones. ¿Qué queremos conseguir, adultos que no delinquen para no ir a la cárcel o por que respetan a los demás?
Con el castigo minusvaloramos la capacidad de los niños de saber cumplir y les hacemos perder la confianza en sí mismos. Yo creo que los niños son buenos por naturaleza, animémosles a ser ellos mismos. Tampoco queremos que sean ciegos a la orden: si una norma no tiene razón, ¿por qué no cambiarla?
La otra razón importante es que el castigo deteriora la relación entre el niño y el tutor. El niño siempre verá el castigo injusto y desproporcionado, puesto que no es consciente de las consecuencias. El castigo hará que el niño no piense en su acción, sino en la forma de evitar aquel, aprenderá a mentir y a evitar a los adultos. Además, ¿cuántas veces el castigo no es más que una venganza?
Si no castigamos, debemos buscar otras alternativas. Escucharlos, soluciones conjuntas, dejarlos resolver los problemas solos son ideas reales que funcionan y no tienen el resultado de que nos tomen el pelo.
Sigamos adelante, pero todos juntos, como una familia.
Más información | Asociación Criar con el Corazón
Foto | Flickr
Comentarios
está muy bien como concepto lo de no castigar, pero es bastante difícil llevar a la práctica.
difícil no es imposible y no hay más que ver cada viernes como la supernanny de cuatro consigue que los niños hagan lo que quiere sin castigarlos ni gritarles nunca jamás.
a mi de vez en cuando se me escapa algún castigo.
No es la Supernanny santa de mi devoción por algunos métidos que utiliza; negarles a los niños la atención cuando no hacen lo que queremos es muy duro para ellos. Pero es verdad que repite hasta la saciedad que lo que necesitan los niños es nuestro cariño y buenas maneras. Sí es posible relacionarse con los niños sin castigos, igual que con los adultos.
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