Creo que todos hemos oído alguna vez la frasecita “menudo genio tiene”, ya sea en nosotros mismos de pequeños, bueno algunos incluso ahora, o en nuestros hijos. Normalmente suele pasar que el niño se siente incomprendido, piensa que no se le está escuchando o incluso que no se le está haciendo el caso que él necesita, por lo que recurre al grito o al mal humor. Personalmente opino que no hay que alarmarse si alguna vez nos ha pasado que nuestro hijo se ha alterado mas de lo normal, siempre hay una razón de peso para dicha reacción.
La mayor parte de las veces que mi hijo ha sacado su lado mas oscuro a relucir han sido en situaciones claras, que posteriormente analizas y ves que tenía toda su razón para ponerse así, en condiciones normales los adultos también solemos reaccionar de forma más o menos alterada según la situación en la que nos encontremos y el ánimo que tengamos.
Partiendo de la base que solemos “gritarles” más de la cuenta en las situaciones en las que nos encontramos agobiados, en lugar de intentar explicarles como nos sentimos y así evitar voces desagradables, y sabiendo que ellos aprenden constantemente de nuestros actos y reacciones, no nos podemos quejar si nuestro genio se ve reflejado en muchos de sus actos. Después no es justo castigarles, regañarles o incluso intentar que repriman esos estados de tensión cuando, en la mayoría de los casos, somos nosotros, los adultos, los causantes del mismo.
Claro que es complicado mantenerse tranquilo cuando vemos que llegamos tarde a algún sitio y aún no se han vestido, como ejemplo común, o que no parece escucharnos cuando tenemos que regresar a casa y ellos siguen jugando en el parque, etc. Para un niño el juego es constante, como ya hemos comentado en alguna ocasión, así que no es consciente de lo que dichas situaciones nos provocan a los adultos, así que actúa tal como le sale en cada momento. De ahí la gran importancia de hablar con ellos, explicar como nos sentimos y no ocultar lo que ciertos estados emocionales nos producen, el enfado general.
Hay situaciones claras en las que se sabe que vamos a acabar más alterados de lo normal, un ejemplo claro es la hora peine en la mano, casi seguro que algún grito voy a ooir, no solo por el tirar del pelo, sino porque su reacción al dolor es incontrolable, normalmente el grito “¡que me estás haciendo daño MAMA!” es lo que más suelo escuchar, por mucho cuidado que pongo en esta parte del aseo diario. ¿Es razonable exigirle que no grite cuando lo está pasando tan mal?, lo mínimo que puedo hacer, ya que el pelo lo peino sí o sí, es aguantar ese desahogo de la mejor manera posible. Y como este caso nos encontramos al cabo del día muchos más.
También es de gran importancia saber pedir perdón, no pretender que el niño se disculpe, la mayoría de las veces no entiende porqué, dado que su reacción es causada por una acción externa a ellos, y obligarles a ello les causa un sentimiento de impotencia ante lo injusto de la situación. Nuestro comportamiento es su guía constante, si otro adulto hace que nos alteremos, éste normalmente, suele pedirnos disculpas por el exceso en sus palabras o acciones, entonces ¿por qué un niño es tratado de diferente manera?, es una contradicción enorme que ellos son incapaces de asimilar, yo también sería incapaz de hacerlo en su caso, puesto que no entendería tener que disculparme ante alguien que me ha faltado al respeto.
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Imagen | fakelvis
Cuando noto que su lentitud y pasividad me empiezan a alterar, les digo... 'Cariño, mamá está empezando a ponerse un poco nerviosa, ¡¡¡¡¡ASI QUE VISTETE DE UNA VEZ POR TODAS!!!!!' Comparto la opinión de que se educa con el ejemplo, así que no puedo exigirles autocontrol si yo no lo tengo... Siempre debo empezar por mí para después pedirles a ellos...
Y no es fácil ¿verdad?, pero hay que intentarlo
No siempre vamos a mantener el control... asi que sepamos que ellos, que son más pequeños, no siempre pueden (ni tampoco es bueno)