
Mis sobrinos se lanzan a coleccionar cualquier cosa que sea coleccionable. No discriminan ni muñecos, ni cromos, ni muñequitos de los que cuelgan del móvil (¡y eso que aún no tienen!). Reúnen las piezas con fruición, se pasan muchos recreos viendo los cromos de los demás y cuando van al parque y ven a un niño nuevo con algo coleccionable, se lanzan al “Sile, nole, sile…”.
Aparte de la repercusión económica que estas colecciones puedan tener en el bolsillo de los padres debido al factor azar, el hecho de que los niños reúnan cosas puede tener sus ventajas. Por un lado, ejercitan la memoria ya que tienen que acordarse de qué figurita/ cromo/ tatu tenÃan para no cambiar un “sile” por otro “sile”. Además, cualquier colección requiere que los pequeños establezcan un orden en sus piezas y que las mantengan recogidas en su sitio para que no se les pierda ninguna. Es más, si son cromos adhesivos (creo que ya no se hacen de los de pegamento, pero corregidme si me equivoco), fomentan la coordinación mano-ojo del pequeño para no pegarlos torcidos.
Comentarios
Jajaj! lo malo como dices el precio, me acuerdo cuando los cromos venÃan con los yogurs o los pastelitos y no habÃa q comprarlos por separado..., ¡vaya negocio!
El problema es que las editoriales sacan colecciones constantemente y no acaban las que hay, por lo que nunca pueden terminarlas. Por lo demás, son estupendas, estoy de acuerdo. Y lo creativo es inventar una por sà mismo, por ejemplo, de pegatinas hechas por el niño o de animalitos en diferentes formatos.
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