
En mi infancia he tenido la gran suerte de tener una mamá de aquellas que les encanta rodearse de niños y compartir a mi lado la ilusión de las fiestas que no dudaba en organizarme a mi y a mis amigas para que lo pasáramos en grande. Y si hay unas fiestas que recuerdo con verdadero cariño y algo de melancolía son las que mi madre me preparaba simplemente invitando a alguna amiguita a dormir y tirando unos colchones en el suelo para que nos lo pasáramos “pipa” trasnochando por un día y echando unas risas.
Las fiestas del pijama están indicadas para niños y niñas a partir de una cierta edad en la que sepamos que nuestros hijos y amiguitos hayan adquirido la suficiente madurez e independencia como para poder pasar fuera de casa una noche sin que ello les suponga más que alegría y diversión. Algo que quizás se consiga a partir de los once o doce años.
En realidad esto de la edad es muy relativo dependiendo de varios factores como por ejemplo donde se va a desarrollar la fiesta del pijama. A veces tenemos la suerte de tener primitos y tíos encantados de desarrollar una fiesta del pijama familiar y en este caso quizás tanto el niño como nosotros los papás, tengamos una mayor confianza y podamos adelantar un poquitín esta noche especial.
Pero si nuestro pequeño desea hacer la fiesta del pijama en casa o nos pide ir a casa de un amiguito tendremos que tener en cuenta varios factores además de la edad, como son el conocer a los padres de los demás niños lo suficiente como para confiar a nuestro hijo o tener a cargo los suyos.
También tendremos que disponer de un par de teléfonos de contacto o facilitar los nuestros para cualquier imprevisto.
Preguntar o explicar si el niño tiene algún problema de salud o algún rasgo a destacar que deba de conocer el adulto al cargo de la situación.
Después de tener estos puntos anteriores bien claros y estudiados pensaremos en como amenizar la velada de nuestros niños. Dejarles preparados juegos de mesa a mano, ver alguna película infantil, bailar al son de la música que más les guste, saltar en los colchones y pensar en preparar algún tentempié y un buen desayuno reparador para cuando se despierten por la mañana (seguro que muy temprano y apenas sin dormir).
Mis hijos son aún muy pequeños y en realidad aún no han pasado ninguna noche lejos de nosotros, pero cuando llegue el momento estaré encantada de preparar en nuestra casa una noche de pijamas donde nuestro salón se convierta en una batalla campal de almohadones y mi marido y yo tengamos que acallar alguna que otra vez unas risas descontroladas a las dos de la madrugada provenientes de un entusiasmado niño o niña que disfruta de la compañia de sus amiguitos también una noche de fiesta de pijamas en casa. Eso sí, después deberemos de procurar que recuperen ese sueño perdido pero tan bien administrado en los días siguientes.
Fotografía| JackVinson en Flickr
En Peques y Más| Quédate a dormir
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