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Como os adelanté en el primer post sobre este tema, hoy os quiero hablar un poco de cuáles serían las estrategias de apoyo a niños disléxicos, y también me gustaría volver un poco sobre la detección y los “signos de alarma” que varían según la edad de los niños.

En primer lugar me gustaría recordaros que habitualmente es en el colegio dónde el profesor (o el orientador) pueden detectar dificultades en la escritura o en la lectura que puedan atribuirse a este trastorno, avisados los padres, éstos buscarían un profesional que pudiera realizar un diagnóstico certero y orientar en el tratamiento. Claro que cualquier padre preocupado por la evolución de su hijo puede buscar ayuda por su cuenta si tiene sospechas, en este caso sería conveniente comentar la decisión con la escuela para que ellos sepan que se están dando pasos.

Cuando buscaba información sobre este tema me preguntaba “¿cómo es posible no confundir posibles signos de inmadurez en el desarrollo con la dislexia?” . Nuestro compañero Iván Amado me ayudó a entender que al realizar un diagnóstico de dislexia se tienen en cuenta varios aspectos (y no sólo las deficiencias que el niño pueda presentar en la lectoescritura), por ejemplo se valoran posibles problemas visuales/auditivos o lesiones que afectan al área del lenguaje.

Pistas para la detección dependiendo de la edad

Por otra parte, los signos de alarma varían en función de la edad del niño. Por ejemplo cuando entre los cuatro y los seis años están escolarizados en segundo ciclo de educación infantil, se encuentran en proceso de adquisición de la lectura y escritura. En esta etapa se puede valorar la pobreza del vocabulario expresivo y comprensivo, la torpeza motriz o la “escritura en espejo”, estos y otros aspectos pueden motivar al profesor a realizar una valoración más cuidadosa. Aquí se habla de predislexia, y también se pueden observar las “dislalias” (trastornos del lenguaje) como posible predisposición a la aparición de dislexia.

Quiero realizar una corrección puesto que al referirme a “dislalias” las he definido como trastornos del lenguaje cuando en realidad lo son del habla, aquí tenéis un post de Bebes y Más donde se amplia sobre este trastorno

Con el paso a la educación primaria y en los primeros cursos de la etapa resulta más frecuente detectar los problemas. Entre seis y nueve años se pueden observar algunas alteraciones como: falta de ritmo en la lectura, omisiones de letras, dificultad para seguir la lectura, dificultades gráficas, etc. que el tutor del aula debe observar y estudiar (probablemente con el orientador) para determinar mediante pruebas específicas la necesidad de acudir a un profesional.

A partir de los nueve años los niños disléxicos que no han recibido tratamiento adecuado presentan las dificultades anteriores y además pueden sufrir presión por la exigencia del nivel académico requerido. Puede que les cueste estructurar frases o que escriban mecánicamente (sin interés) e incluso hay niños que leen en silencio para no evidenciar las deficiencias que presentan.

¿Cuál es el papel de la familia?

Prestar apoyo social y emocional es una de las tareas más importantes de los padres con hijos que presentan dislexia, de hecho es indiscutible que resultan facilitadores de una buena evolución . Independientemente de los refuerzos que se den en la escuela o del tratamiento especializado al que se acceda, los padres pueden tener un papel fundamental en todo el proceso puesto que en la familia los niños aprenden a ser queridos y valorados por lo que son.

Paciencia, comprensión y capacidad de percibir los pequeños logros del niño serán indispensables en una buena evolución. Liberarse de complejos y facilitar las relaciones sociales al pequeño y ser positivos son dos buenas actitudes que sin duda los niños agradecerán. En general existen unas estrategias de apoyo a adoptar por el entorno más cercano a los niños con dislexia, estas podrían ser:

- Mantener los cauces de comunicación familiar abiertos.

- Implicarse en el proceso e intentar que el niño se implique también: puede que él también quiera opinar sobre sus progresos o sobre los aspectos que conviene mejorar

- Los niños disléxicos necesitan los mismos afectos que los demás. Y también sentir que su familia le protege a la vez que le ayuda a madurar.

- La familia alentará los progresos y reforzará aquellas áreas en la que el pequeño pueda destacar (que presenten deficiencias relacionadas con el trastorno no quiere decir que no puedan ser buenos deportistas, por ejemplo)

- Estar dispuestos a colaborar con los especialistas que guían el tratamiento.

Para finalizar me gustaría resaltar las pautas que desde la escuela se deberían adoptar para prestar apoyo a niños que tengan dislexia. Y es que si el entorno familiar debe ser sereno y alentador, sería necesario que el escolar se dotara de unos recursos a fin de facilitar el aprendizaje y la integración de estos pequeños. Los esfuerzos deberían encaminarse a: adaptar el material, utilizar más aspectos prácticos, ofrecer (en la medida de lo posible) atención individualizada, darle tiempo para organizar el trabajo o asegurarse de que entienda las tareas propuestas.

Imagen | familymrw
En Peques y Más | La detección de la dislexia y el apoyo familiar

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