
Durante el verano es muy habitual coincidir en nuestros destinos de vacaciones con otras familias con niños de la edad de nuestros hijos.
Los niños son muy espontáneos y están llenos de inocencia por lo que enseguida se ponen a hablar con ellos, a jugar, a bailar, a divertirse y a contarse historias del colegio, de otros amigos o de otras experiencias.
Los padres tenemos que permanecer atentos para evitar discusiones y embrollos entre los niños y solemos revisar a los otros padres para ver sus reacciones ante la reciente amistad improvisada.
Si la amistad dura una tarde o un día lo normal es que se acaben despidiendo después de haber estado toda la jornada de diversión alegre y distendida. Si coinciden en el hotel se puede llegar a intercambiar alguna carta con la otra habitación de los niños indicándose el cariño y afecto surgido rápidamente.
Si por el contrario las vacaciones duran un tiempo más lo más normal es que cada día se vean y se refuercen los lazos de amistad entre ellos. Aquí sí que los padres acabaremos entablando contacto y conversación entre nosotros para reforzar y bendecir el contacto entre los niños.
Cuando terminan las vacaciones, si son largas, podemos entablar contacto en nuestras ciudades de origen aunque todos sabemos que mantener la amistad fuera del entorno de ocio es difícil por la rutina del colegio y de las actividades. El año es demoledor para todos y estirar el verano es difícil. Otra opción es enviarnos unas cartas de felicitación en Navidad o, ahora que somos más modernos, intercambiarnos el correo electrónico para mantenernos actualizados.
Seguramente sea posible, dejar la puerta abierta a volver a tener un nuevo contactos en el próximo verano, aunque esto puede ser tema de otro artículo ante la evolución y sucesivos cambios que experimentan los niños a lo largo del curso escolar.
Imagen | Marcos
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