
Se acercan las Navidades y con ellas la época de mayor consumo del año. ¿Aumentan nuestras necesidades de consumo? No. Simplemente consumimos más.
Viene a mi cabeza una frase, que llamó mi atención, dicha por Marta Eugenia Rodríguez, una colaboradora del programa “Espejo Público” de Susanna Grisso. La frase versa así: “El niño no debe ser objeto de consumo sino sujeto de pensamiento”. La artífice de esta frase es una mujer superdotada que fue entrevistada en su día por Susanna Grisso y, ante el despliegue mental y lingüístico, fue incorporada al programa, aunque su intervención no es diaria.
Tengo 2 hijos y, aunque me encanta hacerles regalos y que les regalen, si hay una costumbre que odio es que en estas fechas todos tengamos que regalar a todos, y al final los niños se juntan con tantos regalos que… sencillamente se vuelven locos, y al final no agradecen nada. Regalan los abuelos, regalan los tios, regalan los vecinos, regalan ciertas amistades, regala algún buen vecino….
Creo que en aquellas épocas en que los Reyes Magos eran única y exclusivamente los padres, lo poco que recibíamos era recogido con mucha más emoción y aprecio que cuando hoy recogen paquetes y más paquetes y más paquetes… ¿Han pensado ustedes que pasaría por la cabeza de sus hijos si este año Papá Noel o Los Reyes Magos les trajesen “simplemente” un pijama que necesitan o una muñeca porque la otra ya está muy rota, o una película de DVD que anhelan? ¿Qué sucedería si tan solo reciben un regalo, aunque éste fuera muy deseado?
Les cuento una anécdota personal con una sobrina (en aquel entonces yo no tenía todavía mis peques) cuando tenía 5 años. Llegó la tan esperada mañana del 25 de diciembre. Mi hermana y yo decidimos gastarle una broma, le pondríamos los regalos en 2 sitios. En el primero un paquete pequeño, en el otro regalos variados. A pesar de que siempre le decíamos que Papá Noel traía lo que podía, cuando se encontró con el primer regalito, no lloró, pero…poco le faltó. La cara de circunstancias era tal viendo el regalo, que ni se le pasaba por la cabeza abrirlo, tal era la decepción. Finalmente, aunque comprendía que era lo que ese año Papá Noel había podido traerle, lo abrió y dijo que le gustaba mucho, pero su cara seguía siendo de decepción y resignación.
Lógicamente, cuando la llevamos al otro sitio y vio la cantidad de paquetes, su cara cambió totalmente.
Siempre recuerdo que mi madre me dice lo contenta que se ponía cuando se levantaban y veían que los Reyes les había dejado una nuez, o una naranja… ¡Qué alegría! ¡Los Reyes se habían acordado!
Otra anécdota, en este caso no navideña, pero sí muy significativa. Cuando llegan algunos niños a tiendas de diversos artículos: juguetes, chuches, etc. y les dicen a sus padres “Papá, cómprame algo” , a lo que sus padres le dicen: “¿Qué quieres?” y los niños ni cortos ni perezosos contestan “No sé, algo“ como diciendo con tal de que me compres algo, ya está.
Creo que son ejemplos muy claros de los niños consumistas que estamos creando. Quizás con un cambio de hábitos progresivo, con unas normas familiares en las que reduzcamos el consumo absurdo, etc. vayamos consiguiendo sujetos de pensamiento y no objetos de consumo.
Vayamos hacia un consumo racional, que las vacas flacas nos persiguen.
Disfruten de la compañía de los suyos, y disfruten de ese pequeño regalo que alguien le entrega como muestra de su cariño. Al fin y al cabo, eso es lo que cuenta.
Foto | xumet
En peques y más | De compras con los niños
Comentarios
Yo creo que se junta con muchos juguetes cuando son juguetes que no me han consultado. Es decir, le regalan cosas que yo creo que no va a jugar con ellas porque no son de su gusto. A veces, con alguna cosa me he equivocado. Si son juguetes con los que juega y el niño se divierte no me importa que tenga 5 regalos para abrir, sin embargo si son juguetes que luego sólo sirven para coger polvo pues sí es consumismo innecesario.
Para mí es una lucha infernal porque mis hijos tienen doce tíos y los abuelos... al final de las navidades se juntan con muchísimos regalos... algunos del año pasado aún ni los han abierto... no necesitan tantas cosas y no valoran lo que tienen. Después del día de Reyes del año pasado, me senté en su habitación y les hablé muy seriamente diciendo que la habitación tenía que estar recogida y que si mami encontraba los juguetes desastrados o estropeados los guardaría en lo alto de un armario. Entonces mi hijo me dijo con toda su inocencia y con total despreocupación: "es igual, mami, tenemos un montón"
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