Educar a los niños también es facilitar la adquisición de actitudes de contención, ¿debemos los padres decir 'no'?

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Decir no a los niños

¿Cuántas veces al día los niños piden cosas que seguramente no necesitaran? ¿hasta qué punto les influye la publicidad y la tendencia consumista de la sociedad? ¿qué implica ejercer nuestro papel educativo como padres? No están los tiempos para comprar indiscriminadamente diversos objetos de consumo, pero al margen de la situación económica de las familias no es buena idea satisfacer cada petición material que realicen los niños.

Mi forma de criar y educar a mis hijos parte de la premisa de que desde el punto de vista y emocional, afectivo y de necesidades básicas, los papás debemos hacernos cargo de satisfacer las demandas, puesto que los peques requieren aferrarse a la seguridad que les ofrece una familia protectora. Sin embargo cuando se trata de comprar (y a riesgo de parecer exagerada) creo que se deben valorar muy bien las peticiones en función de lo necesario / útil que sea el artículo, de las normas intrafamiliares y (por supuesto) de la economía familiar.

No me gusta la idea de ‘niños manipuladores’ que en más de una ocasión he leído o escuchado. Los peques (como todos nosotros) se proponen objetivos y estrategias para conseguirlos. Nuestra es la tarea de educarles ayudándoles a discernir, y de formar personas que presenten actitudes de contención, y sean responsables. Ellos han aterrizado en el modelo de consumo en el que todos ‘parecemos’ estar inmersos, obviamente no tienen la culpa y por lo tanto no es justo pensar que nos manipulan.

Demandas de los hijos y estilos educativos.

Hace unas semanas un vendedor en medio de la calle después de escuchar (con una actitud impecablemente asertiva por mi parte) cómo rechazaba los productos que me presentaba, me preguntó ‘¿le vas a hacer esto a tu hijo?’. Al margen de que no me parece ético apelar al ‘deseo’ de un niño presente en la conversación, que por supuesto asentía con la cabeza indicando que sí que quería los libros y juguetes; tengo claro que sí, ‘si que se lo iba a hacer’, porque el niño no tiene ninguna carencia material. La cuestión es que al dejar al vendedor atrás y en cuestión de pocos minutos, mi hijo dijo ‘bueno, como te iba contando…’

Es obvio que se le olvidó pronto el disgusto de que su madre no le fuera a comprar nada (en esa ocasión), y esto me gustó mucho, aunque reconozco que no siempre es tan fácil

Los niños parecen quererlo todo aunque en realidad lo único que necesitan ya lo tienen. Vale, no hace falta que me digáis que cuando crecen se comparan con sus amigos, pero os pongáis como os pongáis el hecho de que uno de sus amigos tenga todas las consolas posibles (no exagero) no es motivo para que mi hijo las posea también. Porque al conseguir lo que quieren ilimitadamente no aprenden que debemos ser responsables con nuestros gastos, además también debemos saber reivindicar el ‘valor de la diferencia’.

En la práctica ningún progenitor asume comportamientos educativos ‘puros’, podemos ser más o menos permisivos, más o menos normativos. Sin embargo sí que decidimos una tendencia, como cuando se cree que la relación entre padres e hijos estará más consolidada cuando se satisfagan todo aquello que pensamos llenará sus vidas, es muy posible que así lo único que fomentemos sea un deseo sin fin hacia la adquisición indiscriminada de productos, en los pequeños.

¿Qué no haría yo por mi hijo?

Es una frase (legítima, no lo dudo) en boca de muchos padres, en cambio yo contesto: ‘muchas cosas’. Dejaría de hacer muchas cosas por mis hijos porque mi responsabilidad es cuidarlos, alimentarlos, educarlos, protegerlos y ‘llevarlos’ hacia una adultez saludable. No lo es en cambio creer que debo colmarles de objetos materiales para que me quieran.

Los niños nos quieren tanto si les compramos juguetes todos los meses como cuando sólo los reciben en el cumpleaños, Navidad y verano. Y estarán más agradecidos con nosotros cuando se den cuenta de que la educación en valores que han recibido les sirve para manejarse por la vida con más soltura cuando sean adultos

Decir ‘no’

Al principio cuesta un poco pero es mucho más fácil cuando uno observa las caritas de agradecimiento (después del enfado) de los niños. No se trata del ‘no’ sistemático, sino de una negación razonada que puede que hasta ofrezca alternativas (no voy a comprar ese dulce pero probaremos a hacerlo en casa, o ‘¿qué te parece poner la máscara de Iron Man en tu lista de deseos?’).

No importa lo insistentes que son, porque nosotros también lo podemos ser: y podemos oscilar entre un simple ‘no’, un ‘no sería lo más conveniente que ahora te comprara estas zapatillas porque tienes unas recién estrenadas’. En ocasiones es útil asegurarnos de que nos miran mientras les hablamos, probad a sujetarles suavemente por la mano para acercarles a vosotros.

Hay actividades que suelen atenuar ‘los deseos impuestos por la publicidad’. Así las salidas familiares a la Naturaleza, las exposiciones, la asistencia a diferentes actuaciones, el aliento al mantenimiento de un interés concreto (observación de plantas, recogida de conchas, lectura, etc.). No obstante recomiendo reconocer (aunque no aceptemos) sus deseos, para que sepan que les entendemos.

Yo apuesto por la autonomía de mis hijos, pero para ello ahora que aún son pequeños debo ayudarles a tener criterio, a saber decidir y a ‘resistirse’ a las presiones (que ahora son publicitarias y dentro de cinco años lo serán también de sus iguales)

Por otra parte esta actitud tan decidida por nuestra parte también les ayuda a gestionar su frustración, que por previamente habremos aceptado previamente.

Imagen | Quiltsalad
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