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El título de mi entrada de hoy quizás no sea más que una sencilla excusa para provocar la sonrisa de vuestros labios. En realidad quizás lo más valioso del post es la imagen que he querido compartir con todos vosotros en nuestro blog y simplemente es el resultado de la convivencia entre un niño de siete años y una nenita de dos añitos y medio.

Muy conocida por todos es la frase que tantas veces dedicamos a nuestros hijos “tienes que compartir los juguetes”. Y sí, animarles a compartir no es un mal consejo. La generosidad es algo bueno y que todos deberíamos cultivar, pero ¿qué pensarías si de repente mientras te tomas un café en el bar de siempre la persona que se sienta en el taburete de al lado y con la que no has intercambiado más que media conversación se atreviese a pedirte las llaves de tu coche? ¿Se las dejarías?

Lo sé, acabo de magnificar una situación muy lejos de lo que significa la realidad en términos materiales. Pero quería simplemente poner un ejemplo algo drástico para que reflexionemos en que para un niño el prestar su bicicleta o compartir su balón de fútbol preferido adquiere las mismas dimensiones que el cariño emocional que nosotros podamos tener en nuestro coche. Y sin embargo ellos normalmente siempre ceden y comparten. Que grande son nuestros niñ@s.

Es cierto que hasta los tres años a los pequeñ@s les cuesta compartir, pero es simplemente una etapa que normalmente hacia los cinco años tienen superada. Si tu peque ha cumplido esta edad y aún le cuesta ser generoso con los demás, puedes ayudarle sobretodo respetando sus pertenencias, mostrándole que jugar compartiendo es mucho más divertido y explicando que hay veces en que intercambiando objetos durante un ratito podemos también nosotros divertirnos con los juguetes de los demás.

No obstante si el pequeñ@ se lo toma muy mal y siente un apego muy especial por un objeto determinado que no quiere compartir con nadie no creo que para nada sea conveniente “arrancárselo” de las manos, eso solamente provocará una intensa desconfianza de nuestro hijo hacia nosotr@s. Ante todo el respeto. Todos tenemos algunos objetos casi intocables ¿verdad? de los que nos costaría muchísimo desprendernos. Pues a eso me refiero.

Nuestra experiencia

En casa como podéis comprobar en la foto mis pequeños comparten sus juguetes. Pero como todos los hermanos y hermanas hay momentos delicados en los que intentamos dialogar con ellos porque como “todo hijo de vecino” se enfadan.

Lo primero que hacemos es ver a quien pertenece el juguete en cuestión, para posteriormente explicar de las bondades de lo que significa compartir. Después ellos deciden que hacer, pero tengo que decir a favor de mi hijo de siete años que normalmente siempre termina teniendo un sí para su hermanita que aún tiene por delante unos añitos para madurar más, aunque también es cierto que haber nacido la segunda la pone en ventaja: primero porque siempre ha tenido a su alcance muchos juguetes de su hermanito con los que desarrollarse (además de los propios) y segundo porque el haber nacido con un hermanito “ya puesto” le ha hecho tener un sentido de la capacidad de compartir algo más desarrollado que cuando el hijo o hija es único.

En definitiva: respeto hacia nuestros hij@s, comprensión, explicaciones y ánimos a compartir. La generosidad es un don, es así como debemos transmitirlo. Si obligamos a compartir la parte positiva del fondo de la cuestión se termina perdiendo.

Imagen| Miriam
En Bebés y Más| ¿No le gusta compartir? esperemos a que crezca

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