
Tradicionalmente las personas más importantes de las ciudades eran el cura, el médico y el alcalde por su posición de autoridad (alcalde), de salud (médico) y de psicólogo (cura).
Los tiempos cambian y los perfiles también pero lo que no cambia son las funciones. En nuestras ciudades modernas, llenas de edificios, de tecnología y de grandes inventos el perfil del psicólogo se encuentra diluido en nuestros amigos, nuestra familia, nuestros compañeros de trabajo pero hay una persona que nos entiende y que nos escucha al menos una vez al mes durante poco más de media hora.
Esta persona es el peluquero que nos tiene a su merced, armado con tijeras, cuchillas, peines, secadores, chorros de agua es capaz de conocer nuestras reacciones, nuestros deseos, nuestros sentimientos y nuestras pasiones mientras hace su trabajo.
El otro día, mientras hablábamos del cambio del barrio que lo quieren hacer peatonal, de los bares y de las gentes que viven en él, me comentaba que muchas personas que han pasado por su silla desde que eran críos han ido teniendo evoluciones diferentes.
Su análisis, y me podéis tachar de simple, era que cuando el adolescente se sentaba en la silla y le pedía al peluquero peinados nuevos, diferentes, originales, raros y desconcertantes estaba en condiciones de saber que aquello podría, si los padres no tomaban medidas, acabar mal.
El análisis puede parecer sencillo pero te aseguro que si a los padres alguna vez nos dijeran que podemos tener una fuente de información objetiva y adicional podríamos tratar de reducir comportamientos no deseados a más largo plazo.
¿Qué opinas? ¿Tienes un peluquero psicólogo?
Foto | Vanessa Pike-Russell
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect