
A todos nos gusta que nuestros hijos sean responsables. De sus posesiones, de sus tareas escolares, de su cuidado personal. Pero muchas veces no es así y pensamos: “Si yo no estuviera detrás…”. Les decimos mil veces que recojan su cuarto, pero por la noche, antes de acostarse, encontramos una leonera que tenemos que recojer nosotros para que sean capaces de encontrar su pijama.
Tener sentido de la responsabilidad significa saber aceptar las consecuencias de las propias acciones. En un sentido amplio, ser capaz de aceptar las obligaciones, de tomar decisiones importantes y afrontar directamente los problemas. Pero si los padres somos responables de nuestro trabajo y nuestra vida en general, ¿por qué ellos no lo aprenden por imitación, que es como se aprede la mayoría de las cosas? La clave creo que está en que este aprendizaje necesita práctica. Y no les dejamos.
Todos los niños y desde muy pequeños empiezan a pedir independencia. Primero es comer solos, tirarse solos a la piscina. Luego, hacer sus deberes del colegio e ir solos a la calle. Pero a los padres nos cuesta. Siempre pensamos que son pequeños aún, que no lo harán bien sin nosotros. Y esto es lo que aprenden nuestros hijos.
Si, cuando tienen tareas que realizar, nosotros nos empeñamos en recordárselas continuamente, pensarán que son nuestra responsabilidad y no la suya, así que, inconscientemente, delegarán. El psicoterapeuta Jesper Juul dedica muchas páginas a hablar de ello en su libro “Su hijo, una persona competente”.
Yo lo puse en práctica en un pequeño detalle de mi hija de seis años. Me costaba un enorme esfuerzo que se levantara a tiempo por la mañana, tenía que acudir muchas veces a su cuarto para insistirle en que se hacía tarde. Un día hablé con ella: le dije que yo había tomado la responsabilidad de levantarla durante mucho tiempo porque era pequeña, ahora había crecido y yo pensaba que ya estaba preparada para tomar esa responsabilidad. No hizo falta nada más. Desde entonces yo la despierto y le digo: “levántate cuando quieras”. Y siempre se levanta a tiempo, pero tampoco habría pasado nada si algún día hubiese llegado tarde.
También creo que hay que tener cuidado en cargarles con responsabilidades impropias de su edad. Sólo hay que observarlos y escucharlos, ellos pedirán aquello para lo que están preparados.
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Foto | SiN+H
Comentarios
Me encanta ete tema y el enfoque que le has dado.
Yo soy experta en asumir responsabilidades de otros, y terminar enfadada, porque me tengo que ocupar de todo. Es como correr una maratón cargando con las botellas de agua de todos lo que corren contigo: AGOTADOR.
Ojalá me hubiese leído ese libro hace años... en fin, que ya llevo un tiempo intentando devolver a cada cual su responsabilidad, pero reconozco que me cuesta mucho. Dichosa manía de pretender controlarlo todo.
Bueno, es algo que nos pasa mucho a las madres. Y, encima, nos quejamos. Gracias por el piropo.
Genial Alicia, esa es la realidad, que el ser responsable no es algo que se pueda enseñar mandando, que es como nos han intentado enseñar a todos (y es como han fracasado una y otra vez).
La mejor manera de ser responsable es dejar la responsabilidad a quien queramos que la tenga.
Si dejamos la responsabilidad de que la habitación esté ordenada a nuestro hijo, y no lo hace, un día no encontrará algo, o romperá sin querer algún juguete. De esta manera verá que el no ser responsable tiene sus consecuencias.
Tampoco hace falta llegar a este extremo, podemos desplazar responsabilidades de manera conjunta (te ayudo a recoger?)...
La realidad en definitiva es que cuanto más obliguemos a algo, menos ganas tendrán de hacerlo y menos responsables se sentirán de ello.
Eso es, Armando, veo que opinamos lo mismo. La clave está en la confianza. Si nosotros no confiamos en lo vayan a hacer bien, ¿cómo van a confiar ellos en sí mismos?
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