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Abusos sexuales infantiles

Los abusos sexuales a menores han vuelto a saltar a los medios de comunicación a partir de la detención de un varón adulto que trabajaba como monitor en campamentos juveniles y grababa los actos abusivos que realizaba con niños. Afortunadamente esta problemática sale poco a poco a la luz, y muchas personas son conscientes de que (a juzgar por las cifras) hay más menores abusados de los que creemos.

Ya hemos hablado en alguna ocasión sobre los siete pasos decisivos para proteger a los niños en estas situaciones: estar informados, conocer los hechos, prestar apoyo a los pequeños y denunciar, están entre las actuaciones necesarias.

Pero ¿cómo saber si un menor ha sufrido abusos sexuales?

No es un tema banal teniendo en cuenta las consecuencias que para el correcto desarrollo actual y futuro (del menor) tiene. Después de sufrir este tipo de abusos, todas las esferas de la salud se ven implicadas, y como padres tenemos la obligación de conocer los indicadores, a fin de disponer de la información que nos permitiera identificar el problema (si lo hay) y actuar correctamente.

El abuso sexual infantil es una relación entre dos personas de las cuales (y al menos) una debe ser menor de edad. Entre ellas debe existir una relación de desigualdad marcada por la edad o la situación de poder, que fuerza la utilización del niño con objeto de estimulación sexual del adulto.

Por lo tanto son relaciones marcadas por la asimetría y coacción

Vamos a presentar indicadores específicos, de probable abuso, e inespecífico. Especialmente con los inespecíficos, se puede dar la circunstancia de que respondan a otro tipo de problemática, pero en cualquier caso – y como responsables de la protección a nuestros hijos – debemos analizar cualquier cambio negativo físico, comportamental o psicológico que se produzca, a fin de averiguar las causas.

No existe un solo tipo de conducta de abuso sexual infantil

  • En función de la relación entre víctima y abusador: podemos hablar de abuso intrafamiliar (que también incluye a esas personas que no tienen lazos familiares con el niño, pero de alguna forma son adultos responsables del menor: tutores, segundas parejas de la madre o el padre, etc)
  • Según el tipo de contacto sexual que se produzca, hablaremos de:

1.- Abusos sin contacto físico, entre los que está el exhibicionismo, la exposición a material pornográfico, la imposición de presenciar actos sexuales, etc.

2.- Abusos con contacto físico: tocamientos, caricias inapropiadas, intentos de penetración, penetración (incluida la que se ejecuta digitalmente).

¿Sabemos detectar un abuso sexual infantil?

Indicadores Altamente específicos:

Disponer de información fiable, manifestación de los hechos por parte del menor, informe médico. Y (por supuesto) indicadores físicos como lesiones en la zona genital o anal, sangrado por la vagina o ano, infecciones genitales, embarazos tempranos.

Ha sucedido un probable abuso si

En estos casos, la hipótesis debe ser valorada siempre, pues es posible que sea cierta
  • Existen inflamaciones recurrentes, enrojecimiento y lesiones por rascado.
  • El niño o la niña presenta conductas hipersexualizadas o autoeróticas infrecuentes a su edad (masturbación compulsiva, realización de juegos sexuales con representación de conductas concretas, juegos sexuales con niños de menor edad, acercamientos peculiares a los adultos,…).
Y en el caso de niños adolescentes se debe valorar la prostitución, la promiscuidad o una excesiva inhibición
  • El menor tiene conocimientos sexuales inapropiados o una curiosidad inusual para su edad.
  • Los adultos que viven con el niño o la niña presentan sospechas de abuso.
  • Los adultos que viven con el niño o la niña manifiestan una conducta sexual dudosa que puede afectar a la educación del menor.

Indicadores inespecíficos

Que pueden o no tener relación con el abuso sexual infantil, pero (en cualquier caso) están vinculados a situaciones de estrés elevado, y su presencia debe levantar nuestras sospechas, o nuestro interés en conocer el origen para resolver el problema.

  • Indicadores físicos: dolores abdominales recurrentes, dolores de cabeza de origen idiopático, trastornos alimentarios, fenómenos regresivos, infecciones urinarias sin causa orgánica o externa.
  • Indicadores psicológicos o comportamentales: síndrome de estrés post traumático, hiperactividad, enuresis / encorpesis, trastornos del sueño, fobias o temores intensos, conductas compulsivas o fenómenos disociativos.

En cualquier caso, y ante la sospecha de que un menor esté sufriendo abusos sexuales, es necesario que nos esforcemos por comunicarnos con él para detectar el origen de los cambios que sufre. Y si el niño presenta varias de las conductas mencionadas, nosotros tengamos sospechas, pero no sepamos cómo actuar, es necesario contactar inmediatamente con especialistas: empezando por el pediatra, al que podemos descartar si nos damos cuenta de que no dispone de información suficiente.

Imagen | Ernst Vikne
Fuente | Gobierno de Aragón
En Peques y Más | Que son y cómo actuar ante los abusos sexuales en niños, Nuestro sistema judicial presenta deficiencias en el tratamiento de los abusos sexuales a niños

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