
La infancia y la adolescencia son periodos en los que las personas buscan aceptación a costa de lo que sea, y un estudio realizado por la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, en colaboración con otras universidades, ha demostrado que muchos chicos creen que marginando, insultando o hablando mal a sus compañeros de clase ganan el respeto de sus iguales. Para llegar a esta conclusión, se ha entrevistado a más de 1.300 alumnos.
Este tipo de agresiones sobre todo se dirigen a hacer daño psicológico y aísla a quien la sufre porque muchas veces el que es marginado no cuenta nada. Por su parte, el agresor se vuelve más popular cuando habla mal de su compañero a los demás, los calumnia, crea rumores falsos o simplemente lo aísla.
Esta encuesta se realizó a estudiantes de 11 a 16 años de la Comunidad Valenciana y se evaluó su reputación percibida y considerada, así como su autoestima, su satisfacción y la conducta de violencia relacional. Los datos han puesto de manifiesto una relación entre los comportamientos psicológicamente agresivos y la percepción que tiene el alumno sobre su percepción social, sobre todo en las chicas.
Como siempre, yo creo que este tipo de conductas deberían encauzarse desde casa, premiando los comportamientos positivos y animando a los niños a que nos cuenten algo bueno de sus compañeros cuando comienzan a “poner verde” a uno (después de que se hayan desahogado o de que hayan argumentado su rabia). Para los niños en el otro lado, los que se sienten marginados, siempre lo ideal sería que se abrieran en casa para poder solucionar su situación entre los padres y los profesores antes de que se le cause un trauma o de que siga pasándolo peor.
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