Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquÃ.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
Se trata de una pregunta que me hago muy a menudo cuando leo resultados estadÃsticos de estudios médicos. No puedo evitar pensar si un trastorno capaz de afectar a más de un 10% de la población infantil y desaparecer sin dejar rastro antes de llegar a la edad adulta, tanto si se trata cómo si no, no será simplemente una variación de la normalidad.
En muchos casos este tipo de trastornos tienen otro factor en común: dependen de datos subjetivos, en general la opinión de los padres o educadores es en muchos casos la única herramienta para diagnosticar una enfermedad para la que en muchos casos no existen pruebas objetivas que permitan confirmar la enfermedad.
Todos conocemos de cuando nuestros hijos eran bebés los percentiles, y esa especie de precupación que nos invade a todos cuando el niño está por debajo de la media. Esta preocupación nos impide recordar que la media es un simple dato estadÃstico, y que si todos los niños estuvieran por encima de la media, ésta ya no serÃa la media. En su lugar terminamos interpretando que la media es “lo normal”, y pretendemos que todos los niños sean iguales: deben aprender a caminar a los doce meses, a hablar y controlar esfÃnteres a los dos años, a leer a los cinco…
En esta carrera hacia la normalidad olvidamos lo más importante: que muchos niños no cumplen la estadÃstica. Tienen ritmos diferentes, algunos más rápidos y otros más lentos, en ningún caso peores. Y del mismo modo hay niños tÃmidos, miedosos, nerviosos o todo lo contrario. Cada persona es un mundo, y no hay dos niños iguales.
Personalmente me parece que se deberÃa reflexionar a fondo poner antes de poner etiquetas a los niños que no se ajustan a la normalidad, ya que muchas veces son las etiquetas y las idas y venidas de especialistas y medicación, lo único que los hace diferentes a los ojos de los demás y a los suyos propios. Aumentando su aislamiento y empobreciendo su calidad de vida.
Foto | D Sharon Pruitt
Comentarios
Cuando mi segundo hijo nació, no habÃa forma de que durmiera más de media hora seguida... pasaba el dÃa llorando agotado de cansancio. Un dÃa probamos a ponerle boja abajo, y el chiquillo pasó durmiendo tres horas seguidas... Preguntamos al pediatra, por el tema de la muerte súbita por dormir boca abajo, y el pediatra nos respondió que las estadÃsticas dicen que NO le pusiéramos a dormir boca abajo... decidimos no hacer caso del pediatra y sus estadÃsticas, y el niño empezó a descansar y sonreÃr sin parar...
Escribir un comentario
Para hacer un comentario tienes que identíficarte: ENTRA o conéctate con FacebookConnect