Esta semana, en el colegio de mi hijo, se han realizado talleres en relación al día del libro. Una de las actividades era escribir una cita en un trozo de tela, cada niño elegía, o se inventaba alguna, y los padres le teníamos que ayudar a plasmarla en su recuadro. Una vez todas recopiladas, se cosían entre sí formando una manta libro. El martes pudimos entrar a una sala donde estaban todas expuestas. Hubo una que me llamó mucho la atención, no solo por la cita en sí, sino por la niña que la escribió:
Quiéreme como soy, no como quieras que sea.
Es compañera de la clase de mi hijo, con un carácter muy definido y una autonomía poco corriente en su edad, aún no ha cumplido 6 años. Yo la considero un diamante en bruto, aunque para cualquier profesor es una niña de las que dan trabajo. No obstante esta frase me hace pensar muchísimo, ¿de verdad queremos a nuestros hijos tal como son? Evidentemente cualquier padre, yo misma, se sentiría ofendido ante esta pregunta, ¿cómo no voy a querer a mi hijo?, creo que hablo por todos al afirmar categóricamente que los queremos por encima de todo. Pero, siempre hay un pero, ¿estamos seguros de esta afirmación?
Querer a una persona es aceptarla tan como es, con sus virtudes y sus defectos, respetar su personalidad y no intentar cambiarla, entre otras cosas porque no lo conseguiremos. Pero qué pasa con nuestros hijos, ¿realmente los respetamos y los aceptamos? Hay muchos casos en los que los padres nos sentimos decepcionados con actitudes de nuestros hijos, entre otras cosas porque queremos que sean perfectos, o al menos que se acerquen a ello, pero no nos paramos a analizar si nuestra razón es la misma que ellos persiguen, al fin y al cabo son personas también, no una mera prolongación nuestra, y con el derecho a ser como son.
Con esto no quiero decir que no se les enseñe una mínima base educativa, el respeto hacia los demás y hacia él mismo, que es lo mas importante. Pero fuera aparte de ello ¿estamos realmente preparados para aceptar una personalidad propia y dejar que se formen sin manipulación por nuestra parte? Claro que es complicado cuando el sistema cuestiona constantemente a las personas, cuando un niño es mas movido enseguida es catalogado de hiperactivo, o cuando sus inquietudes intelectuales van mas allá son vistos como contestones cada vez que rebaten algo. Parece que buscamos al niño perfecto, modosito, que sea la admiración de todos por su saber estar, la envida del vecindario porque come de todo y sin rechistar, que aprende a leer muy pronto y destaca por su inteligencia controlada, que nunca grite y juegue durante horas sin molestar a los papás, que no interrumpa a los mayores cuando hablan y obedezca a la primera sin rechistar, lo que comúnmente denominaríamos como niño bueno.
Nosotros, mi marido y yo, como todo padre o madre, hemos tenido que aceptar las virtudes y defectos de nuestro hijo, y reconocemos que aún nos queda mucho camino que trazar puesto que es el fruto de dos personalidades diferentes, por muy bien que nos llevemos claro, y eso es irrefutable. Ahora yo lanzo otra cuestión, ¿estamos los padres a la altura de nuestros hijos?, ¿somos lo que ellos esperan de nosotros?, ¿respondemos al nivel que ellos nos demandan?, para mí está claro y antes de exigirles nada tendremos que predicar con el ejemplo. Porque nuestros hijos siempre nos quieren como somos.
Mas información | Tus hijos no son tuyos
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Imagen | Christina Snyder
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