
El otoño nos trae algo de melancolía. Tiempo de castañas, sí, pero también de días cortos, esas tardes de noche que nos les sientan bien a nuestros niveles de serotonina. Las estaciones de transición son así de revueltas, pero mientras la primavera es ansiosa, el otoño es deprimido.
Se nos hace de noche y encima, llueve y el viento es frío. Ya no podemos salir con los niños a ninguna parte. Las tardes se llenan de deberes y nosotros nos llenamos de un no sé qué de angustia. Encima, aires extranjeros nos traen la contradicción de una “fiesta de difuntos“.
Ay, que sentimos que lo importante se nos escapa entre las manos como el agua. Encima, lo somatizamos y nos duele el estómago. Nada que no se cure con comida sana, sin excesos. Pero no podemos evitar pensar que no somos felices. ¿Qué queremos realmente? Mirando a nuestros hijos se nos viene rápido a la cabeza la respuesta: tiempo. Lo que no tenemos.
Y nos extrañamos de ver a nuestros hijos más quejosos que de costumbre, desganados. Como siempre, un reflejo de sus padres. Y gastamos la poca energía que nos queda en gritarles. Menos mal que ellos son más fuertes que nosotros y se recuperan pronto, con ese ánimo que no se les acaba a los niños porque son felices aunque nosotros nos arrastremos por el fango de nuestros problemas.
¡Venga! Que no es más que el otoño (y el jefe, y la falta de jefe, y las notas de la profesora, y..). Pero ellos están ahí y nos reclaman: “¡Juega conmigo!”. ¿Qué les vamos a contestar?
Le doy las gracias al Dr. Tomás Rodelgo por poner nombre y poesía en prosa a mi dolor de estómago.
Foto | Julikeishon.
Comentarios
Precioso post! y cierto como que el sol sale cada mañana! llevo toda la semana con manzanillas y almax... así que cuando he leído este bonito post me he sorprendido mucho! porque llevo toda la semana con la lengua fuera... de correr y correr... y también con dolor de barriga!!! ¿no me estarás viendo por un agujerito? ;-)
No he hecho más que poner palabras a lo que sentimos tantos. Estamos tristes y es posible que saltemos con mayor facilidad porque nos duele el estómago. Pero los peques no tienen la culpa. Ojalá tuviésemos su capacidad de adaptación.
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