
En muchas ocasiones cuando leemos artículos para padres en revistas, webs, libros… aparece la palabra empatía como algo que debemos ejercitar con nuestros hijos, pareja, amigos, familiares y cualquier otra persona a la que queramos entender y si es necesario ayudar.
La empatía como bien la define la Real Academia de la lengua española es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Para que todos lo podamos entender más sencillamente es lo que conocemos como “ponernos en el pellejo de otra persona”.
Y yo que tengo la manía de reflexionar sobre tantas cosas hoy me ha dado por pensar en que es cierto que puede ser difícil empatizar como puede ser la vida de un anciano indígena de una perdida tribu del amazonas, de una princesa saudí o de un marine americano.
Pero ¿porqué a los padres se nos ha olvidado como empatizar con nuestros hijos? nunca fuimos indígenas del amazonas, ni princesas, ni marines… es cierto. Pero también es cierto que no hace demasiados años también nosotros fuimos niños y que a la mayoría se nos ha olvidado.Hay momentos en los que a los padres parece que se nos hace un poquito cuesta arriba esto de la empatía. Momentos en los que nuestros hijos están nerviosos, se enfadan con el mundo, se rebelan contra lo impuesto… y alomejor a nosotros nos parece que no hay motivo alguno o que lo que a él le resulta un drama bajo nuestra perspectiva de adulto es una verdadera tontería. Pero eso no es cierto. No puede ser ninguna tontería algo que le hace tanto daño a nuestro hijo, para él no lo es.
Se nos ha olvidado que nosotros un día también nos sentimos insignificantes cuando nos dejaron de invitar al cumpleaños de Rubén. Ya no recordamos aquel balón o aquella muñeca que se nos rompió y con ello se nos fueron mil lágrimas. Parece que no sabemos lo que es explicarle a tus papás que necesitas estar este fin de semana con tus amigos y que ellos piensen que es más importante ir al cumpleaños de la tía Pepita o simplemente que aún no tienes edad de ir al cine. Tantas y tantas situaciones que se nos han olvidado tan rápido. Y es que nosotros también fuimos niños hace poco.
Cuando nos hacemos mayores y crecemos parece que las cosas las vemos de manera diferente que cuando mediamos unos centímetros menos, por lo que lanzo una invitación para todo el que quiera aceptarla de que de vez en cuando volvamos a sentarnos en el suelo, y desde ahí agachados intentemos volver a sentirnos como aquel niño que fuimos, aunque solo sea un instante. En ese ejercicio tan sencillo encontraremos un trocito de nuestra pasada infancia para poder entender mejor a nuestros niños.
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Comentarios
Cuanto mayores nos hacemos parece que olvidamos el niño que fuimos, es una verdadera lástima, porque el mundo sería mucho más sencillo si mirásemos las cosas con los ojos de la niñez.
Paloma te aseguro que si hay un denominador común en las personas que viven más felices en la etapa más madura de sus vidas, es sin duda alguna que conservan en sus corazones una parte para aquel niño que una vez fueron.
Ojalá podamos ser igual de felices recordando que no debemos de perder ese don.
Un saludo.
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