Que son y cómo actuar ante los abusos sexuales en niños

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En la definición de abuso sexual ofrecida por la asociación RANA encontramos que se trata de toda acción de tipo sexual impuesta mediante coacción o persuasión a un niño por un adulto o una persona más grande que él. No necesariamente es una violación ya que (además del contacto directo, tocamiento de genitales y / o penetración sexual) también se considera abuso la manipulación del niño con finalidades pornográficas, obligarlo a observar actitudes sexuales, así como hablarle sobre temas obscenos cara a cara – o a través de teléfono o Internet -.

¿Cuáles son las principales dificultades para detectar correctamente abusos sexuales en menores? En primer lugar la mayoría de los niños que han sido abusados no informan de lo que les ha sucedido, puede que debido a su edad no cuenten con el lenguaje necesario para hacerlo, también es posible que por la angustia que les genera o a causa del chantaje utiizado por el abusador, les resulte muy difícil contar aquello que les ha pasado. Únicamente un dos por ciento de las víctimas informa del abuso en el momento que este ocurre. También debemos tener en cuenta el hecho de que sólo en un 10% de los casos se observan signos de violencia física.

La asociación RANA expone una serie de indicadores, sin embargo la observación de ellos en un niño no deben significar necesariamente que el niño está sufriendo el problema, aunque si que decididamente tendríamos que buscar ayuda. Entre estos indicadores están (y se pueden consultar todos aqui:

-Indicadores Conductuales de Abuso Sexual: juego sexual no apropiado para la edad, conductas autodestructivas, cambios notorios en la personalidad, dibujos de naturaleza sexual, y otros.

-Indicadores Físicos de Abuso Sexual: dificultad para caminar o sentarse, contusiones o laceraciones en los genitales externos,…

La mayoría de casos de abuso sexual infantil suceden cuando el niño está sólo con un adulto, en un 95 por ciento de los casos el abusador es alguien conocido por el niño y su familia.

Según la American Psychological Association “no existen perfiles específicos de los abusadores porque son heterogéneos, pero se conoce que un 75 % son familiares de la víctima, un 20 % próximos al entorno familiar y sólo un 5% resultan ser desconocidos para el pequeño”. Se deduce que los delitos se dan por dos circunstancias reales: la accesibilidad y la proximidad con la víctima

Como adultos somos responsables de la prevención, y también de actuar cuándo se tienen sospechas o se conoce con exactitud que un niño ha sufrido abusos sexuales. Si se trata de tomar parte activa (y más allá del miedo o incertidumbre que podamos sentir) es conveniente – al menos – pedir asesoramiento a alguna asociación o profesional especializado en el tema, y desde luego si se tiene la certeza de que se ha cometido el delito se debe acudir a las autoridades.

Cuando un niño ha sido abusado necesita que le crean y se pongan de su parte, que alivien parte de su sentimiento de culpa y que “den los pasos necesarios” por él.

El impacto psicológico del abuso sexual sobre el menor depende lógicamente del tiempo que dura la situación de abuso, así que es necesario que sepamos actuar sin demora, recordemos que son pocos los niños que se atreven a explicar lo que les está pasando

Los padres podemos ejercer una labor preventiva “hablando con nuestros hijos” y enseñándoles que el cuerpo es de su propiedad y que ninguna persona puede tocarlo, hacer educación sexual en familia adecuando los contenidos a su edad (y también hablar de abusos sexuales). Siempre en un clima abierto de confianza y con naturalidad.

Tras obtener información a través de la página de RANA he llegado a la conclusión de que más allá de las estadísticas (que son escalofriantes) o de los perfiles de abusadores que se puedan obtener, resulta esencial nuestra labor preventiva y de protección a nuestros hijos. Creo que el diálogo familiar sobre estos temas es muy importante, hacerles saber que tienen derecho a la protección de su integridad física y a hablar si en alguna ocasión les sucede algún episodio desagradable.

Los abusadores suelen ser adultos, aunque también se considera abuso cuando es realizado por un adolescente sobre un niño pequeño, y por ello ejercen autoridad sobre sus víctimas, cometiendo su delito, abusando de la confianza del menor y recurriendo al chantaje, el niño se encontrará indefenso y se enfrentará a sentimientos de culpa, miedo o vergüenza.

Vale la pena que reflexionemos sobre el hecho de que en ocasiones se educa a los pequeños indicándoles que deben respetar la autoridad de los mayores y que deben ser agradecidos, cuando el comportamiento en sociedad debería pasar por el respeto (hacia los demás y hacia nosotros mismos), pero sin estar obligados a dar nada a cambio y la posibilidad de expresar nuestras propias opiniones.

Imagen | mensatic
Fuente | Asociación RANA
Más información | Asociacón RANA
En Peques y Más | Asociación RANA: siete pasos para proteger a nuestros hijos frente a los abusos sexuales, Educación sexual en familia: un reto para los padres de hoy

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