
Para poder cuidar y educar a nuestros hijos todo lo bien que queremos necesitamos tiempo para conocerlos, atender sus necesidades en cada instante y escucharles activamente como se merecen.
La escucha activa es una herramienta muy valiosa pero a la que debemos dedicar mucho tiempo, perseverancia y asiduidad para aplicarla eficientemente con nuestos hijos y observar algún resultado. La escucha activa nos puede ser de una ayuda esencial para conocerles a ellos y a sus problemas, inquietudes, aspiraciones, ilusiones…
Escuchar activamente a nuestros hijos significa dejar que ellos hablen e ir analizando punto por punto interiormente todo el mensaje que estamos recibiendo, en primer lugar para poder empatizar con ese sentimiento que nuestro hijo nos está intentando transmitir con sus palabras.
Después de haber realizado este trabajo de posicionamiento en los sentimientos de nuestro hijo le podemos preguntar como se siente él tras lo que nos ha explicado. Si está triste, confundido, siente rabia, dolor… y después de escucharle deberemos preguntarle si quiere cambiar algo de lo que ya nos ha contado o añadir algo nuevo, mientras le seguimos escuchando atentamente.
Mientras deberemos seguir empatizando con el sentimiento que emitan sus palabras y llegando al fondo del mensaje que nos transmita el niño.
Es verdaderamente una labor difícil el lograr unir atención, empatía, recepción, lenguaje no verbal… pero si vamos realizando este ejercicio con nuestros hijos, ellos entenderán que sus padres se preocupan verdaderamente por lo que les ocurre y se sentirán amados en todo momento.
Una vez me explicó un misionero que estaba rodeado de niños que un chico le pidió enfadado que le escuchara a lo que él le respondió que ya lo estaba haciendo. El chico que seguía molesto le dijo que como le iba a escuchar, si ni siquiera le estaba mirando. El misionero estaba oyendo al niño, pero ni le miraba, ni le prestaba atención y el chico no se sentía atendido. El hombre entonces dejó de realizar aquello que estaba haciendo y empezó a escuchar todo lo que tenía que decirle aquel pequeño sabio que tenía bien claro que no es lo mismo oír que escuchar.
Imagen| edithbruck
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