Es uno de los tópicos más conocidos de las relaciones familiares, los hermanos se pelean constantemente y por casi cualquier cosa. De esto último puedo dar fé.
Un día dos de mis hijas entraron corriendo en la cocina, la mayor iba delante con el puño cerrado, mientras la mediana la seguía al grito de “¡Devuélvemelo ahora mismo!”. Como soy una madre entrometida las frené en seco y pedí ver el objeto de la disputa que resultó no ser otro que un muñeco imaginario, seguro que se hacen una idea de la cara que se me quedó.
Una vez vemos claro que las razones por las que se inicia una pelea pueden ser de lo más variopinto, el siguiente paso lógico es ponernos en el lugar de cada uno de los niños, y entender cuales son sus sentimientos, ser capaces de reconocer si la discusión se ha originado porque uno de ellos está cansado, triste o simplemente de mal humor.
En estos casos es necesario llegar al fondo del asunto, encontrar la causa del malestar e intentar ayudarles a solucionarlo sugiriendo que pasen un rato a solas si están nerviosos, que se tumben a leer en el sofá si están cansados o que nos hablen de cómo su amigo del alma no le ha elegido para su equipo en el recreo.
Otra fuente de conflictos muy frecuente es la propiedad. A veces los padres nos olvidamos que los niños también tienen derecho a la propiedad privada y que para ellos una muñeca o un balón pueden ser tan personales o intransferibles como para nosotros el móvil o las llaves del coche, y nos empeñamos en repetirles la vieja retahila de que hay que compartir.
En la mayoría de los hogares muchos juguetes son compartidos, o bien están pensados para jugar entre varios, pero hay algunos juguetes que realmente tiene un significado específico y que simplemente no quieren prestar. Para estos casos es imprescindible tener un lugar en el que cada niño pueda guardar sus cosas personales, y los demás deben respetar esas propiedades.
Una vez la disputa se ha iniciado lo único que los padres podemos hacer es vigilar que se resuelva sin violencia y, si es necesario, interceder intentando que lo solucionen a través del diálogo, intentando comprender al oponente y respetándose uno a otro.
Foto | Aislinn Ritchie
En Niños y más | ¿Para cuándo la parejita?
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