Llega la segunda infancia y los niños "aprenden a volar".

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El crecimiento de los niños me fascina, cada etapa evolutiva está orientada a que los pequeños adquieran conocimientos, habilidades y destrezas que les preparan para interactuar con el mundo. En ocasiones he leído textos sobre la llamada segunda infancia, y me ha llamado la atención el cambio que se produce entre los seis y los ocho años. Ahora ya desean explorar el entorno en solitario, quieren alejarse un poquitín más de sus padres y madres para acercarse al mundo. Me recuerdan a los pollitos que empiezan a mover sus alas para aprender a volar: todavía no son capaces, pero el entrenamiento es necesario.

En unos años se verán inmersos en la la adolescencia y empezarán a identificarse con sus iguales, buscarán su identidad y se opondrán a sus padres. Pero cuando aún son pequeños, la familia debe aprovechar para guiar a los niños, y también para darles pistas que les encaminen a tomar decisiones en el futuro. Al cumplir los ocho años el niño quizás le pida a su madre recorrer pequeños trayectos a solas, esto nos provocará sensación de ingravidez e incertidumbre porque sabemos que aún necesitan protección. Será necesario encontrar el equilibrio necesario y saludable para todos que, a la vez, le muestre al pequeño que tiene capacidades para lograr pequeñas parcelas de autonomía y que puede dar pasitos hacia su independencia –tan lejana aún–.

Además de esto, estos años de la infancia son apasionantes: los niños aún aceptan y demandan los modelos adultos, inventan juegos, sus mejores amigos suelen ser del mismo sexo, empiezan a elaborar ideas y respuestas… Poco a poco irán cambiando, su pensamiento se hará más abstracto y sus alas serán más fuertes, los padres debemos estar preparados para el cambio y escuchar sus necesidades, aunque también tenemos que estar presentes si nos necesitan.

Imagen | Apenas imagens MarÃlia Almeida

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