La importancia de la educación emocional en familia

Síguenos

nina-llorando.JPG

 


Hace dos semanas tuve la oportunidad de asistir a un fantástico curso con otras madres y otros padres. Estuvimos hablando de nuestras emociones, de las emociones de nuestros hijos y de la educación que, al respecto podemos hacer desde el hogar. Es un tema que me interesa muchísimo y al que durante los últimos años he dedicado horas de lectura, tengo muy claro que es fundamental reconocer nuestras emociones en diferentes momentos, y también aceptar las emociones de nuestros hijos. Sin embargo dedicar unas horas a una acción formativa en este sentido me dió una visión más global y elaborada sobre la importancia de las emociones en la familia.


Es posible que hayamos oído hablar de emociones positivas o negativas, pero en realidad las llamadas emociones básicas no son en sí mismas buenas ni malas. No lo son porque el miedo es un mecanismo de supervivencia, al igual que lo es el “asco”, así pues tienen mucha utilidad. Lo que si es cierto es que algunos de los sentimientos provocados por esas emociones que anidan dentro de cada uno de nosotros, nos pueden provocar cierto rechazo. Es habitual que haya madres o padres que se muestren satisfechos con la alegría de sus hijos y, en cambio, se pongan nerviosos cuando el mismo niño muestra ira, tristeza o miedo.

En ésto de las emociones confluyen tres componentes: sentir, pensar y actuar, así pues la tarea de los padres debería comenzar por el reconocimiento de las propias emociones. Dificil misión ¿verdad?, difícil y necesaria a la vez para entender a nuestros hijos. Entender que lo más importante es vivir y expresar la las emociones de una forma adecuada. ¿Y qué es lo adecuado?, pues desde mi punto de vista se trata de un comportamiento que no nos haga daño a nosotros ni a los demás. Un ejemplo clásico es el de un niño airado al que se le permite decir “estoy muy enfadado”, se le permite correr frenéticamente o darle golpes a un cojín, pero al que no se le permite dar patadas a su hermano menor.

Existen diferentes formas de vivir y expresar las emociones, de esta forma una expresión ideal sería aquella consciente, hacia afuera, elaborada y ajustada (al hecho que las provoca). No creo que debamos aspirar a la perfección pero sí reflexionar para nosotros y también hacia nuestros hijos sobre cómo manifestamos nuestras emociones. Todos nos sentimos tristes o tenemos miedo en alguna ocasión, los adultos también (yo desde luego que sí), por eso no tiene sentido “apagar” estas mismas emociones cuando las observamos en los pequeños. La salud emocional es importante y deberíamos encontrar un equilibrio adecuado entre el sentimiento y la accíón.

Cuando hablamos de educación familiar debemos entender que lo que les hace falta a nuestros niños son padres conscientes y comprometidos con su crecimiento y desarrollo. Padres que les van a guiar en el camino de la vida. Padres que van a comprenderles y que les ayudarán a enfrentarse a sus errores, y que también les dejarán expresar sus emociones sin complejos, eso sí de una forma saludable para todos.

Imagen | grietgriet
En Peques y Más | El niño enfadado
   

 

Deja un comentario

Ordenar por:

0 comentario