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familia de patos


Parece que cada hijo tiene unas características que lo definen. Es muy corriente que más o menos sin querer adjudiquemos etiquetas o papeles a nuestros hijos: “A Pepe se le dan muy bien los deportes y Roberto es un desordenado”. Puede parecer justo que llamemos a cada uno según su comportamiento, pero esto es peligroso: los niños (y los adultos también) actúan según las expectativas que se tienen de ellos. Si unos padres consideran que su hijo es torpe, no se atreverá a probar nada nuevo; si a otro niño se le llama desordenado, nunca se ocupará de guardar nada porque dará por hecho que lo va a perder.

A veces sólo es necesaria una frase o una mirada para comunicar a los hijos el concepto que los padres tienen de él y adjudicar un papel durante años. Esto condiciona el concepto que el niño tienen de sí mismo, sus sentimientos y su conducta. Es muy difícil para los padres no aludir a la etiqueta constantemente: “¡Si es que eres…!”. Hace falta mucha voluntad para cambiar la tendencia y trazar un plan para liberar al hijo de su papel.

En el libro “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen” proponen las siguientes estrategias para cambiar esta tendencia al encasillamiento de los hijos:

  • Ofrecerle otra imagen de sí mismo: “Esto que has hecho es egoísta, pero también sabes ser generoso cuando quieres”.
  • Propiciar las situaciones para que se comporte de otra manera: (Al desordenado) “¿Puedes hacerte cargo tú de las entradas?”
  • Hablar favorablemente de él o ella: “No has visto lo educada que ha sido hoy con las visitas”.
  • Dar ejemplo del comportamiento deseado: “Estoy muy enfadada por no poder salir hoy, pero no siempre se puede hacer lo que uno quiere y me quedaré a jugar con vosotros”.
  • Recordarles cuando lo hicieron bien: “¿Cómo que no puedes aprobar? ¿No recuerdas cuando sacaste un nueve en aquel examen?”.
  • Cuando repita el comportamiento según la vieja etiqueta, explicarles nuestros sentimientos y expectativas: “No me gusta que le pongas pegas a todo; cuando estoy contigo espero que podamos charlar sin ver sólo el lado malo de las cosas”.

Propongo reflexionar sobre los papeles y etiquetas que podemos haberles impuesto a nuestros hijos: el desordenado, la lenta, el irresponsable, pero también el manso, la responsable… ¿Por qué también los roles buenos? Porque quizás sean tan constreñidores que supongan una excesiva carga para los niños. Quizás nuestro hijo mayor desea verse liberado a veces de su rol de responsable de sus hermanos pequeños, quizás la niña estudiosa quiera pensar que puede fallar en un examen sin que se caiga el mundo. Anotemos esos roles y pensemos cómo podemos cambiar la situación con las propuestas de más arriba u otras que se nos ocurran adecuadas para nuestra familia.

Hay que tener en cuenta que para modificar un papel asignado a un niño hay que desarrollar una estrategia múltiple: hablar de los sentimientos, estimular su autoestima y autonomía, buscar alternativas a los castigos, etc. Me temo que lo que nos costó unas cuantas palabras establecer nos lleve meses de cambios para eliminar. Pero merece la pena. Es tan liberador…

Y, como siempre, prediquemos con el ejemplo: no nos adjudiquemos papeles a nosotros mismos ni a nuestra pareja. Somos humanos y por ello tremendamente ricos en sentimientos y capacidades, incluida la de cambiar.

Foto | J.
En Peques y más | Las comparaciones son odiosas… y más entre niños.

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