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La creciente necesidad de trabajo fuera de casa ha llevado a un aumento de la falta de control de los hábitos necesarios en nuestros hijos. Entre ellos podemos destacar uno: la falta de hábito de estudio. Pero no podemos olvidar que debemos fomentar el hábito de estudio desde temprana edad, e ir fortaleciéndolo según avanzan los años de nuestros hijos.

Son muchos los casos del tan temido fracaso escolar que suceden, precisamente, por la carencia de un adecuado hábito de estudio.

Vemos padres contrariados porque saben que sus hijos tienen un gran potencial para desarrollar, porque a veces quieren mejorar pero esa falta de hábito se lo impide, porque ven descender la autoestima de sus hijos, porque la satisfacción personal de sus hijos en el ámbito educativo es nula, y un sinfín de circunstancias más.

Desde mi punto de vista, lo peor que hacemos los padres es creer que nuestros hijos se mentalizarán solos, que les falta cierta madurez, que esto es un período malo que pasamos todos… y los llenamos de mensajes negativos tipo “así no aprobarás”, “si no estudias, no verás la tele en una semana” y otros ejemplos similares, que no hacen otra cosa más que enfriar y tensar la relación padres-hijos y darles un bajón a su autoestima, ya de por sí bastante deteriorada.

Mi intención en este post, es dar una alternativa a esta situación. Para ello, a continuación, redactaré el programa de creación de hábito de estudio que he llevado a cabo en alguna ocasión con resultados positivos, siempre con una alta dosis de paciencia y realizando los feed-backs (procesos de retroalimentación) necesarios.

Siempre empezamos dando un objetivo claro y conciso. En este caso: Crear un hábito de estudio con el objetivo de obtener resultados satisfactorios.

Posteriormente damos las pautas que ha de seguir con este fin:

  • Tenemos que tener claro que todos los días el niño tiene que hacer algo relacionado con sus estudios; el tiempo dependerá, como es lógico de la edad del niño. Es muy importante tener un horario fijo y un lugar determinado de la casa dedicado a tal fin. En otro momento, podemos hablar de la importancia de las rutinas.
  • Vamos ahora con el punto que, para mí, es el más importante. No podemos olvidarnos de estar con el niño, apoyarlo, halagarlo en sus esfuerzos. Aunque pueda pareceros increíble, éste es el punto en el que más solemos fallar. Nuestros mensajes de satisfacción, de aliento, de refuerzo de sus esfuerzos (por pequeños que nos parezcan), son pieza clave en la consecución de este logro.
  • Otro punto, no menos importante, es establecer conjuntamente con el niño un horario. Es de fundamental importancia que el niño vea que dedicar tiempo a sus estudios no significa renunciar a todo aquello que le gusta hacer. Pongamos un ejemplo, si a un niño de 11 años le guste ir a dar una vuelta por el barrio en la bicicleta con sus amigos, podrá seguir haciéndolo, pero ha de respetar los horarios y actividades que, previamente, ha negociado con sus padres.
  • Es muy importante que el lugar de estudio esté libre de distracciones para conseguir que el niño alcance un nivel de atención correcto que le permita realizar sus actividades en menor tiempo y de forma satisfactoria.
  • De igual modo es importantísimo establecer un sistema de logros y recompensas que motiven al niño.

Recordad, por una parte, la importancia de la negociación con nuestros hijos, tanto en horarios como en el sistema de logros y recompensas y, por otra parte, la importancia de verbalizar positivamente cada esfuerzo que hagan.

Foto|acrider

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