
Hay muchas personas a las que no les gustan los gatos. El perro es una mascota más popular, por lo cariñoso y fiel que es, pero el gato genera más desconfianza. Sin embargo, puedo decir por mi experiencia que los gatos son unas buenas mascotas para las familias con niños.
Para empezar, es más fácil de educar que el perro y su pequeño tamaño lo hace transportable y más fácilmente dominable. Su voz y su aspecto son tiernos, especialmente cuando son pequeños y eso les gusta a los críos.
Es verdad que de pequeños son traviesos y pueden arañar y morder, pero eso también lo hacen los perritos y a los gatitos se les puede enseñar a tratar bien a los dueños.
Además, requieren poco trabajo. Enseguida hacen sus necesidades donde deben: si hay jardín, entierran los excrementos y en la casa lo hacen en sus bandejas. Si se les castra o esteriliza, son tranquilos y no se tendrán camadas indeseadas. En las vacaciones, son más fáciles de llevar y también se pueden dejar solos, si alguien les provee de comida y bebida de vez en cuando, porque no requieren compañía constante como los perros. Y los cuidados habituales son tan simples que cualquier niño se puede hacer cargo.
Y también saben ser cariñosos, pues les encanta ser acariciados y tumbarse bien cerquita de nosotros (¡o encima!) cuando hace frío.
A mí me parece una mascota ideal para cuando empiezan a pedir una, para desarrollar su afectividad y responsabilidad con los animales. Animaos y no olvideis que en las perreras y protectoras de animales los encontrareis gratis y les hareis un gran favor.
En Peques y más | Mamá, quiero un perro.
Foto | Debby A.
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