
Los peques tienen todo un mundo por delante para explorar y para descubrir nuevos colores, nuevas texturas… y en ocasiones acaban descubriendo también nuestras paredes y les hacen unos diseños que las convierten también en una novedad decorativa. Sobre todo cuando son muy pequeños es difícil controlar que solo pinten en folios y muchas veces acaban con los rotuladores, ceras y pinturas sobre las paredes.
Una opción puede ser forrar el espacio en el que pasen más tiempo con cartulinas blancas que impidan a los niños invadir la pintura de la pared propiamente dicha. No haría falta empapelar toda la habitación, y bastaría con ocuparse solo de la altura a la que llega mientras se le educa para que no pinte donde no debe. Esta opción, que es muy barata, permite ser renovada con cierta asiduidad conforme se vayan manchando las primeras cartulinas.
Otra alternativa sería usar pintura de pizarra en las paredes del pequeño. Esta pintura, permite ser lavada con mucha facilidad y se le pueden proporcionar tizas para estimular su creatividad. El problema de este tipo de solución es, en primer lugar, que la pizarra oscurece el cuarto al absorber la luz y en segundo lugar que las tizas lo llenarán todo de polvo, lo que puede redundar en algún episodio respiratorio.
Por último, siempre queda la tradicional pintura plástica lavable, muy resistente a todo tipo de “obras de arte” en la que además se puede pintar con rotuladores tipo Velleda que se eliminan con un paño seco.
Vía | Yo llego a fin de mes
Imagen | Chico.Ferreira
Comentarios
Por suerte he conseguido encaminar la creatividad de mis peques hacia el papel... pero bueno, ya se sabe que con los niños nunca hay que cantar victoria... por si las moscas me apunto esta entrada.
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