
Pasear por el campo con niños es muy divertido para todos y, además, se convierte en una oportunidad para aprender de manera sencilla sobre la vida en el medio natural. Distinguir entre las distintas plantas aromáticas, imaginar a qué animal pertenecen las huellas en el barro seco, observar el comportamiento de insectos benignos y descubrir en qué fase está la luna son actividades que seguro gustarán a nuestros pequeños y les ayudarán a dejar volar un poquito su imaginación.
El día en que sus padres les llevaron a realizar una ruta por la montaña figurará en el diario de verano junto a la visita al parque acuático, el viaje para ver a los abuelos, las andanzas por el museo y ese nuevo helado con sabor a chicle que degustaron por primera vez. Sin embargo como adultos, los padres, educadores y otros mayores a cargo de los niños debemos ser prudentes y utilizar el sentido común.







