
Hace unos meses, cuando finalizó la fiesta de Fin de Curso en el colegio de mis hijos miré hacia delante y supe que teníamos por delante horas de convivencia aunque también de desacuerdos, íbamos a poder disfrutar de mucho tiempo libre que nos empujaría inevitablemente a la ruptura de rutinas y nos permitiría encontrarnos con múltiples posibilidades para divertirnos y también aprender, de manera diferente.
Confieso que tengo la suerte de poder pasar mucho tiempo con mis hijos, y que para mí la llegada de las vacaciones supone una gran alegría porque compartir el tiempo con ellos es un privilegio y porque merecen el descanso. Así que ahora que ya se atisba la llegada del otoño puedo afirmar que he pasado el mejor verano de mi vida junto a los niños.





