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Prevención de alergias

Hemos leído en Zona Pediátrica que mediante las estadísticas podemos comprobar cómo el número de nuevos casos de asma, dermatitis atópica, rinitis alérgica y alergia a alimentos, están aumentando desde hace unos años.

Se sabe que la predisposición genética tiene su peso, aunque son enfermedades multicausales. De hecho cambios en los estilos de vida como el consumo temprano de fórmulas infantiles de leche de vaca pueden provocar daño a las mucosas intestinal y respiratoria y modificaciones en la flora intestinal.

Se habla de alergia cuando el sistema inmune reacciona de manera exagerada a una sustancia externa al organismo. La provocación de síntomas específicos se produce ante la presencia del alérgeno, favoreciendo la manifestación de una reacción alérgica. Pero ¿se pueden prevenir las alergias?

Cuando un alérgeno ingresa al organismo de una persona alérgica el sistema inmune responde produciendo gran cantidad de un anticuerpos llamados IgE e IgG, en cada nuevo contacto se activa cada vez más rápida y de manera más exagerada la reacción del sistema inmune, con la liberación de mediadores químicos como la histamina responsable de los síntomas de la reacción alérgica.

Nuestro sistema inmune tiene como función reconocer lo propio de lo extraño, protegernos de las infecciones evitando el ingreso, la diseminación o multiplicación de microbios

La herencia, la dieta, la contaminación ambiental, la exposición a enfermedades infecciosas y una flora intestinal anormal, influyen para que inicie una alergia

Determinar los indicios de alergias

Obviamente es el diagnóstico médico el que determina con certeza el problema, pero los padres podemos recoger una serie de indicadores que faciliten la labor del profesional:

  • Antecedentes familiares: existe un 30% de posibilidades de que los hijos de alérgicos desarrollen la enfermedad.
Si ambos padres tienen la misma alergia el riesgo aumenta hasta 80% de posibilidades de que alguno de sus niños la padezca
  • Estreñimiento crónico : muchos niños estreñidos presentan alergia a algún alimento y a pesar de que tomen una dieta con fibra tomen mucha agua o incluso laxantes, el problema no mejora.
  • Nariz tapada, moco nasal persistente, comezón en la nariz, roncar al dormir, tos con ejercicio, estornudos en salva, silbidos en el pecho reportados por el médico en más de dos ocasiones, tos persistente por más de dos semanas.
  • En bebés piel seca, con comezón, que se roza fácilmente en la zona del pañal, presencia de ronchas después de tomar algún alimento, medicamento o posterior a picadura de insectos.
  • Reflujo gastroesofágico presente después de los 6 meses de edad, cólicos intensos, abdomen aumentado de volumen, gases aumentados.
  • Presencia de granitos alrededor de la boca, labios, lengua, paladar acompañados de comezón durante o después de las comidas, orienta a pensar en una probable alergia alimentaria. Si al comer se le escurre algún alimento y deja la piel enrojecida también hay que descartar un problema alérgico con alimentos.
  • Sintomatología tras tomar leche, especialmente si tras cambiar de marca de leche (de fórmula, adaptada o apta para niños que ya no son bebé) persisten los problemas y no se pueden atribuir a otros factores, se puede sospechar de alergia.

A pesar de que este factor esté reseñado, debemos informarnos bien para saber que no es lo mismo la intolerancia a la lactosa que la alergia a la caseína (proteína de la leche animal).

  • Diarrea de más de dos semanas que no mejora, en la que se han descartado infecciones, parasitosis y deficiencia de enzimas digestivas ( lactosa).
  • Comezón en los ojos, ojos rojos, ojos llorosos, presencia de ojeras persistentes.
  • Niños con infecciones respiratorias recurrentes o que infecciones respiratorias que no se quitan( más de 2 semanas).

Es posible prevenir o retrasar la aparición de la alergia

  • Mantener la lactancia materna exclusiva los 6 primeros meses de vida idealmente hasta el año de edad.
  • Retrasar lo más posible la introducción de fórmulas lácteas a base de leche de vaca.
  • Introducir alimentos sólidos después del sexto mes de edad, evitando el consumo de cítricos, chocolate, fresa, huevo hasta después de año de edad, de pescado y mariscos después de los 2 años.

Y atención porque aunque en ocasiones hemos leído de la inconveniencia de ofrecer frutos secos antes de los dos años por el riesgo de desarrollar alergias, e incluso de los cinco o seis por peligro de atragantamiento, el dr. Ernesto Lugo (autor del artículo original) los desaconseja antes de los nueve años.

  • Evitar el uso excesivo de antibióticos (el 90% de las infecciones son virales y no requieren antibióticos, se curan solas, con medicamentos sintomáticos o con medidas generales).
  • Preferir alimentos orgánicos no transgénicos (cada vez más difícil) y una dieta rica en frutas y verduras, y legumbres con un consumo moderado de carnes rojas y cereales.
  • Mantener las vacunas al día.
  • Evitar actividades al aire libre cuando aumenten los niveles de contaminación ambiental (precontingencia y contingencia).

Por último reiteramos la necesidad de acudir al pediatra en caso de observar sintomatología que se pueda asociar con procesos alérgicos, a fin de que nos ofrezca un diagnóstico fiable.

Imagen | OakleyOriginals
Más información | Zona Pediátrica
En Peques y Más | ¿Sabemos cómo se sienten los niños alérgicos a alimentos?, El proyecto de Alergias y Alimentos para informar a los padres e hijos sobre las reacciones alérgicas por alimentos

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