
Hemos leído en Zona Pediátrica que mediante las estadísticas podemos comprobar cómo el número de nuevos casos de asma, dermatitis atópica, rinitis alérgica y alergia a alimentos, están aumentando desde hace unos años.
Se sabe que la predisposición genética tiene su peso, aunque son enfermedades multicausales. De hecho cambios en los estilos de vida como el consumo temprano de fórmulas infantiles de leche de vaca pueden provocar daño a las mucosas intestinal y respiratoria y modificaciones en la flora intestinal.
Se habla de alergia cuando el sistema inmune reacciona de manera exagerada a una sustancia externa al organismo. La provocación de síntomas específicos se produce ante la presencia del alérgeno, favoreciendo la manifestación de una reacción alérgica. Pero ¿se pueden prevenir las alergias?
Cuando un alérgeno ingresa al organismo de una persona alérgica el sistema inmune responde produciendo gran cantidad de un anticuerpos llamados IgE e IgG, en cada nuevo contacto se activa cada vez más rápida y de manera más exagerada la reacción del sistema inmune, con la liberación de mediadores químicos como la histamina responsable de los síntomas de la reacción alérgica.
Nuestro sistema inmune tiene como función reconocer lo propio de lo extraño, protegernos de las infecciones evitando el ingreso, la diseminación o multiplicación de microbiosLa herencia, la dieta, la contaminación ambiental, la exposición a enfermedades infecciosas y una flora intestinal anormal, influyen para que inicie una alergia
Obviamente es el diagnóstico médico el que determina con certeza el problema, pero los padres podemos recoger una serie de indicadores que faciliten la labor del profesional:
Si ambos padres tienen la misma alergia el riesgo aumenta hasta 80% de posibilidades de que alguno de sus niños la padezca
A pesar de que este factor esté reseñado, debemos informarnos bien para saber que no es lo mismo la intolerancia a la lactosa que la alergia a la caseína (proteína de la leche animal).
Y atención porque aunque en ocasiones hemos leído de la inconveniencia de ofrecer frutos secos antes de los dos años por el riesgo de desarrollar alergias, e incluso de los cinco o seis por peligro de atragantamiento, el dr. Ernesto Lugo (autor del artículo original) los desaconseja antes de los nueve años.
Por último reiteramos la necesidad de acudir al pediatra en caso de observar sintomatología que se pueda asociar con procesos alérgicos, a fin de que nos ofrezca un diagnóstico fiable.
Imagen | OakleyOriginals
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