Pilar Cots, alergóloga, "la alergia en los niños no puede ni debe suponer una limitación en su desarrollo personal y social"

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Pilar Cots

En Peques y Más traemos una entrevista con la Dra. Pilar Cots Marfil. Es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Córdoba y especialista en Alergología e Inmunología Clínica por el Hospital Valle Hebrón de Barcelona. Su experiencia como facultativa se inició hace más de 15 años y ha ejercido en diferentes Centros Médicos de Barcelona. Actualmente es la responsable de la consulta de alergia del Centro Médico GEMA en Mataró. Pilar compagina la práctica asistencial con una activa implicación en la prevención de las enfermedades alérgicas en los colegios mediante la realización de talleres periódicos y a nivel de los Centros de Salud y Hospitales con sesiones de actualización sobre diferentes temas de la especialidad. Pilar también pertenece a la Sociedad Española de Alergia (SEAIC), Sociedad Catalana de Alergia (SCAIC) y es socia colaboradora de la Asociación Española de Padres de Niños con Alergia a Alimentos (AEPNAA).

Desde agosto del año 2012 publica su propio blog específico sobre alergia con el fin de aportar su experiencia y conocimientos para que la persona alérgica y sus familiares sean capaces de asumir su enfermedad, comprenderla y convivir con ella de la forma más natural y equilibrada posible. Además de alergóloga es madre de un niño alérgico lo que supone un reto permanente, no solo como madre sino también como médico. Así que Pilar es un ejemplo a seguir porque es muy consciente de las preocupaciones que puede tener cualquier padre o madre con un hijo alérgico.

A lo largo de la entrevista Pilar nos explicará qué podemos hacer los padres para que el niño que esperamos no desarrolle alergia, cómo hay que actuar ante un cuadro de alergia grave, qué le pasará al niño en la escuela o en su vida, cuándo mejorará y muchas más preguntas.

Por qué hay tantos casos de alergia en los últimos años

Actualmente la alergia es considerada como la epidemia del siglo XXI en los países desarrollados, tanto es así que se prevé que para el 2025 más de la mitad de la población sea alérgica. Todos solemos conocer a alguien que tiene alergia o somos nosotros mismos los que la padecemos. Generalmente son procesos que nos acompañan el resto de nuestra vida y suelen influir de forma frecuente en muchos aspectos del día a día. Todas las personas desde que nacemos hasta que nos morimos, estamos expuestos al medio ambiente que nos ha tocado vivir, y de la capacidad de respuesta inmunológica dependerá nuestra salud y nuestra enfermedad.

Tenemos un sistema de vigilancia en nuestro organismo denominado sistema inmunológico que es el que permite que todo funcione de forma correcta, deja pasar a los buenos y expulsa a los malos (virus, bacterias). Cuando ocurre una reacción “equivocada” de este sistema defensivo contra “cosas”, alérgenos, con las que estamos en contacto de forma habitual (polvo, animales, alimentos, etc.), se originan reacciones inflamatorias que afectan a diferentes partes del cuerpo y que todos conocemos como alergia.

Y ¿por qué se produce esta “equivocación?. No existe una causa única, probablemente sea debido a una combinación entre factores genéticos y ambientales que, para complicarlo todavía más, tienen que concurrir en un momento determinado de exposición en la vida de cada persona.

Así que tenemos los factores genéticos, con los que nacemos heredados de nuestros padres, y que están repartidos en varios genes dificultando su identificación. Por este motivo, los hijos de padres alérgicos tienen más probabilidad de tener alergia pero no todos tienen porqué ser alérgicos. Además, también tenemos que tener en cuenta múltiples factores ambientales, como la exposición a infecciones, la higiene, el contacto con animales, la contaminación, el tabaco, la alimentación, etc. El estilo de vida occidental nos conduce a un descenso de procesos infecciosos en los primeros años de vida, esto hace que nuestras defensas no se activen de forma adecuada y fallen a la hora de protegernos frente al desarrollo de enfermedades alérgicas. Esta es la “teoría de la higiene”, muy aceptada hasta hace pocos años pero que ahora comienza a cuestionarse.

A la enorme responsabilidad que siempre supone tener un hijo, hay que sumarle una tasa de estrés importante si además el niño padece una enfermedad crónica. Los últimos datos confirman que uno de cada cuatro niños (25%) presenta algún tipo de alergia. La población infantil es especialmente susceptible y los síntomas suelen ser más importantes. Así, podemos encontrar cuadros de dermatitis atópica, procesos respiratorios crónicos (asma, rinitis, bronquitis de repetición), otitis, conjuntivitis y reacciones severas frente a alimentos básicos de la dieta como son la leche y el huevo. La alergia produce irritabilidad, insomnio y falta de concentración y en caso de alergia a un alimento su ingesta puede llegar a producir hasta la muerte por un shock anafiláctico. Todas estas enfermedades conllevan una disminución importante en la calidad de vida del niño y de sus padres.

Qué diferencias existen entre las intolerancias y las alergias

La alergia implica obligatoriamente una alteración del sistema inmune. Es decir, para que una reacción adversa sea considerada una alergia ha de tener a la fuerza una base inmunológica. En la actualidad los médicos disponemos de pruebas muy fiables y rápidas para diagnosticar estas enfermedades. Esto es muy importante ya que solemos utilizar el término alergia de forma abusiva para explicar cualquier reacción frente a un alimento.

Si no existe alteración del sistema inmunológico la reacción puede ser producida por diferentes causas, desde una intoxicación (por ejemplo por setas) hasta una intolerancia (por una alteración de la digestión a nivel intestinal, como por ejemplo en la intolerancia a la lactosa) pero no son enfermedades alérgicas y tanto su historia como su evolución y tratamiento van a ser muy diferentes.

Evitar la confusión en las enfermedades es importante, por ejemplo, en los alimentos, las únicas sustancias capaces de producir reacciones alérgicas son las proteínas. La lactosa es un azúcar y la incapacidad para digerirla correctamente es lo que origina una intolerancia a la lactosa. Esta intolerancia no es una alergia y nunca podrá desencadenar un cuadro grave de anafilaxia como en el caso de alergia a las proteínas de la leche. En el caso de la enfermedad celiaca, existe una alteración del sistema inmunológico pero no está implicada la IgE (células de defensa inmunológicas) sino otros tipos de mediadores celulares que desencadenan una reacción frente al gluten (proteína presente en algunos cereales). Por este motivo tampoco originará cuadros graves de anafilaxia pero sí es capaz de desarrollar otros síntomas de afectación general como dermatitis en la piel, además de los digestivos. Por lo tanto, la enfermedad celiaca no es una intolerancia (el término intolerancia al gluten no es adecuado), es una alergia del tipo no IgE.

Los padres que estén a punto de tener un bebé, qué pueden hacer para evitar que sea alérgico

Ya que no podemos actuar sobre los factores genéticos implicados en la alergia, las estrategias actuales para prevenir estas enfermedades se basan en la identificación de los factores ambientales implicados, sobre todo los relacionados con la nutrición. Se sabe que la maduración del sistema inmunológico tiene lugar desde las 22 semanas de vida intrauterina (prenatal), hasta aproximadamente los tres años de edad. Durante este periodo la acción de diferentes estímulos (alimentación, infecciones, tabaquismo, etc.) pueden alterar el equilibrio de las células defensoras y favorecer el desarrollo tanto de alergia como de otras enfermedades inmunológicas (diabetes, psoriasis, colitis ulcerosa, etc). Hasta el día de hoy se han realizado numerosos estudios para intentar descubrir si existe algún tipo de dieta en el embarazo que pueda disminuir la probabilidad de que el recién nacido desarrolle una alergia. Por ahora los estudios no son concluyentes por lo que no se recomienda ni “evitar” ni “añadir” ningún alimento en particular.

Durante la lactancia, una dieta libre de alérgenos podría disminuir ligeramente la posibilidad de que el bebé desarrollase una dermatitis atópica pero no serviría para prevenir la aparición de otras enfermedades alérgicas.

Los estudios apoyan una serie de medidas durante esta etapa:


  • Mantener la lactancia materna un mínimo de 4 a 6 meses

  • Si no es posible dar el pecho, se aconseja administrar a niños con alto riesgo de alergia (aquellos en los que los padres son alérgicos) fórmulas de leches hidrolizadas hipoalergénicas

  • Aplazar la introducción de alimentos sólidos hasta los seis meses. No se recomienda retrasarla en exceso ni dejar de introducir algún alimento “por si acaso” ya que los estudios demuestran que puede ser perjudicial para la adecuada digestión intestinal. Los tiempos han de ser los correctos para cada alimento

La realización de dietas libres de alimentos con alto poder alergénico (leche, huevo, cereales, frutos secos, pescado, etc) durante el embarazo y la lactancia NO evitará que el niño pueda desarrollar alergia y además, supone un riesgo por el déficit de nutrientes que produce en la madre y secundariamente en el niño.

Mi recomendación es que, en el caso de historia familiar de alergia, durante el embarazo y los primeros meses de vida del recién nacido, tanto la madre como el niño realicen una dieta lo más sana y equilibrada posible y siempre bajo la supervisión del especialista implicado de forma que pueda ser detectada cualquier alteración sugestiva de alergia.

Otro aspecto importante es la exposición al humo del tabaco durante el embarazo y la infancia. Se sabe que es un factor de riesgo para que el bebé desarrolle sibilancias (pitos en el pecho) y asma, especialmente si la madre es fumadora. Además, parece que favorece la aparición de nuevas alergias. Con respecto a la exposición a alérgenos, la evitación de los ácaros del polvo durante la primera infancia puede beneficiar a los niños de alto riesgo alérgico (hermanos o padres con alergia). En cuanto a si es recomendable o no evitar las mascotas (perro, gato, conejo, hámster, etc.) los estudios no son concluyentes y no queda claro si podría o no ser beneficioso, por lo que es difícil poder dar una recomendación específica.

Todavía no se ha encontrado ninguna estrategia efectiva para poder prevenir el desarrollo de enfermedad alérgica en los niños. Probablemente en un futuro no muy lejano y gracias a los estudios que hay en marcha en la actualidad, podamos llegar a conclusiones definitivas que nos ayuden a resolver todas las dudas.

Mi hijo es alérgico, ¿hay algo que pueda hacer para evitar que tenga una reacción grave?

Cuando tenemos la sospecha de que nuestro hijo puede ser alérgico lo primero que tenemos que hacer es acudir a un especialista en alergia para que pueda ser diagnosticado y tratado correctamente. En las enfermedades alérgicas es fundamental realizar las medidas preventivas adecuadas y así evitar que se desencadene la reacción. El alergólogo se encargará de explicaros cuales son esas medidas dependiendo del tipo de alergia que padezca vuestro hijo (polvo, animales, pólenes de plantas, alimentos, medicamentos, látex, insectos, etc.) La información adecuada le ayudará a mejorar su calidad de vida.

Existen dos situaciones que implican una emergencia en la vida de un niño alérgico: una crisis severa de asma y la anafilaxia.

La crisis severa de asma se produce en niños con alergias respiratorias por ácaros del polvo, animales, pólenes, etc. Para intentar evitarlas se deben de seguir unas indicaciones básicas:

  • Hacer bien las normas y el tratamiento pautados por el alergólogo
  • Disponer siempre del broncodilatador inhalado para uso urgente
  • Evitar los lugares cargados con humo (tabaco, chimeneas)
  • Darle de beber líquido a menudo para que se hidrate la vía aérea y la mucosidad pueda expulsarse
  • Enseñarle al niño a respirar siempre por la nariz ya que calienta y humedece el aire evitando la irritación de los bronquios
  • Si el niño va a la escuela se debe hablar con el personal docente para que sepan actuar y dispongan de la medicación en caso de una crisis de asma. En clase de gimnasia siempre debe hacer precalentamiento y evitar correr al aire libre los días de mucho frío ya que es un potente irritante de las vías aéreas. El deporte es necesario para el crecimiento del niño y su correcto desarrollo psicomotor y sensorial

La anafilaxia es una reacción muy grave que implica afectación de diferentes órganos del cuerpo. En niños se implican sobre todo los alimentos, aunque también se puede desencadenar por alergia a medicamentos, látex y picaduras de avispas, abejas. Si nuestro hijo tiene alergia a un alimento debemos tener una serie de precauciones importantes:

  • Cumplir las recomendaciones pautadas por el médico y conocer cómo y cuándo debemos utilizar la medicación de la alergia
  • La única forma de prevenir una reacción alérgica a un alimento es mediante la estricta eliminación de la dieta. También hay que tener en cuenta que las reacciones pueden ocurrir por contacto, por ejemplo, un beso y por inhalación (humo del pescado al cocinarlo, legumbres)
  • Vigilar el “efecto abuela” (por un poquito no pasa nada). En la alergia a los alimentos no influye la cantidad, con una mínima ingesta se puede desencadenar una reacción grave
  • Desconfíen de los alimentos etiquetados como “hipoalergénicos”. Su médico le dará información sobre las alternativas existentes. Hay que leer siempre las etiquetas de los alimentos. Actualmente, la legislación obliga a declarar la presencia de los alérgenos más comunes. Aunque se ha adelantado mucho, todavía quedan muchas lagunas sin resolver, entre ellas el eliminar definitivamente de las etiquetas el famoso y socorrido “puede contener trazas de…”. Ante la duda es preferible no consumir y llamar al teléfono de atención disponible en cada producto para confirmar los ingredientes presentes.
  • Las situaciones en las que se pierde la rutina habitual son las que comportan más riesgos: fiestas, excursiones, viajes, etc. No olvide llevar siempre la medicación necesaria para una urgencia alérgica.
  • Siempre debe disponer de su “kit de emergencia” que contenga adrenalina autoinyectable (dos dispositivos) y antihistamínicos en jarabe. Muy importante vigilar con frecuencia la caducidad de estos medicamentos
  • Familiares y profesores deben conocer la alergia que padece el niño y como se administra la medicación de emergencia. Informar a la escuela de forma periódica de cualquier cambio en la enfermedad y aportar un informe médico actualizado junto con el botiquín personal del niño
  • En caso de alergia al látex o a algún medicamento es conveniente que lleve una medalla o pulsera de alerta médica

Cuánto tiempo puede durar la alergia en los peques

Ser alérgico es una alteración que no se suele modificar. Pero como siempre, en Medicina, existen excepciones:

  • Algunos niños menores de 4 años superan las alergias alimentarias, aunque luego pueden llegar a desarrollar otras. A partir de los 4 años la alergia no se suele modificar ya que el sistema inmunológico está totalmente formado
  • La intensidad de la alergia puede variar hasta hacerse casi asintomática, por ejemplo, en niños con alergia a una mascota, si dejan de tener contacto con ella los síntomas desaparecen. El problema suele reaparecer si con el tiempo vuelven a tener contacto frecuente con dicho animal al que eran alérgicos
  • La dermatitis atópica es una alteración del sistema inmunológico que se manifiesta con eczemas y picor en la piel. Los primeros años de vida son los peores pero a medida que el niño va creciendo los síntomas suelen ir remitiendo. Es una enfermedad crónica y puede reaparecer a lo largo de diferentes etapas de la vida

“La marcha atópica o alérgica” es cuando ocurre una afectación alérgica de diferentes órganos dependiendo de la edad del niño. Se ha visto que es frecuente que los niños predispuestos comiencen a los pocos meses de vida con síntomas en la piel (eczemas) o digestivos (alergia a alimentos) y que, con el tiempo, a partir de los 4 años, den paso a una afectación de los bronquios (asma) y de nariz y ojos (rinoconjuntivitis).

Actualmente los médicos alergólogos disponemos de dos tipos de medidas que pueden ayudar a controlar la enfermedad alérgica:

  1. La inmunoterapia o vacunas para la alergia. Este tratamiento es el único capaz de modificar el curso de la enfermedad alérgica, ya sea disminuyendo los síntomas e incluso curando al paciente. El porcentaje de éxito es muy alto siempre que se escoja bien al paciente y la vacuna que se va a utilizar. Por esto es importante que sea un médico especialista el que la prescriba. El problema es que actualmente no existen pruebas previas para saber cómo va a responder un determinado paciente a la inmunoterapia y la única manera de saberlo es probándola durante un tiempo. Consiste en administrar al niño la sustancia a la que es alérgico en cantidades crecientes, de forma que se induce “tolerancia “ a la misma. Así el alérgeno dejará de provocar síntomas. Se puede usar a partir de los 4-5 años de edad, de forma oral (sublingual) o pinchada (subcutánea). Se utiliza para tratar la rinoconjuntivitis alérgica, el asma alérgica y la alergia al veneno de abeja y avispas. La OMS ha confirmado la eficacia de las vacunas en estas enfermedades. De momento, aún no está demostrada su eficacia en la dermatitis atópica y tampoco existen vacunas de este tipo para curar la alergia a alimentos, aunque se está investigando mucho al respecto.
  2. Desensibilización o inducción de tolerancia oral (ITO). De reciente aplicación, este método no suele iniciarse antes de los 5 años de edad , para dar tiempo a que la curación espontánea se produzca. El riesgo de que una ingesta inadvertida provoque un cuadro grave de anafilaxia ha llevado a investigar y poner en marcha este tipo de actuación. Se realiza administrando de forma progresiva cantidades crecientes del alimento implicado (leche o huevo) de forma que el niño al cabo de un tiempo pueda llegar a tolerar una cierta cantidad y así evitar las reacciones graves con mínimas ingestas del alimento al que tiene alergia. Es muy importante que una vez alcanzado el objetivo el niño tome diariamente la cantidad estipulada de leche o huevo que haya conseguido tolerar, de esta forma el sistema inmunológico no se olvida de lo aprendido. España es uno de los países pioneros donde se está realizando con éxito esta inducción de la tolerancia oral en niños muy alérgicos a estos alimentos. Los progresos durante los próximos años van a ser muy importantes

Tanto la inmunoterapia como la ITO siempre se realizan siguiendo las instrucciones del alergólogo, con un estricto control médico para poder detectar y tratar cualquier reacción adversa. Ambos representan una esperanza cierta hacia la curación.

Cómo se sienten los niños alérgicos con su entorno

A pesar de estar en contacto con muchos de ellos en la consulta y de tener a mi hijo con alergia a múltiples alimentos, ponerse en la piel de ellos no es nada fácil. Ya sabemos que los niños son como esponjas y que su capacidad de adaptación suele ser asombrosa, no podría ser menos en el caso de la alergia. Así, por norma general, el niño vive esta situación sin dramatismos ni complejos y suele acoplar este hecho en su vida diaria con una admirable naturalidad.

Es evidente que esto no siempre es así, que existen muchas variables asociadas y que cada niño las vivirá de forma diferente según cada espacio y tiempo en su día a día. Una de las variables más importantes es la edad en la que aparece la alergia. No es lo mismo un niño que se hace alérgico con pocos meses de vida que el que desarrolla la alergia a los 8 años. La forma personal y familiar de vivir ese problema no será la misma.

Un niño pequeño alérgico, con menos de cuatro años, tiene acoplada esa alergia en su vida. Gracias al esfuerzo de los padres, ese niño adquiere unos hábitos dietéticos en los que los alimentos que le dan alergia están fuera de su rutina diaria y lo asumirá, en principio, con naturalidad.

Cuando la alergia aparece en un niño más mayor su actitud suele ser diferente. De repente, un niño que comía algo de forma habitual y sin problemas, se hace alérgico y lo tiene que dejar de comer, ¡con lo que le gustaba! Ese niño, como es lógico, al principio vivirá esa prohibición en su vida como algo negativo, recordará las cosas “tan ricas” que ya no puede comer y que sus amigos sí que pueden aunque generalmente con el tiempo terminan por adaptarse y lo asumen sin problemas. Se vuelven verdaderos “detectives” y son capaces de leer de forma minuciosa todas las etiquetas con sus ingredientes. Tampoco comen nada hasta que no están totalmente seguros de que no lleva su “alimento alérgico”. Estos niños han vivido una reacción alérgica y su recuerdo es la mejor ayuda contra el olvido. Ellos representan todo un ejemplo para los adultos alérgicos que son menos receptivos al cambio.

A partir de los 12 años, el niño entra en la adolescencia y esta etapa es especialmente delicada para los alérgicos a los alimentos. Tienen edad para ser responsables de su enfermedad y esto les supone una “dosis de agobio” que muchos se niegan a asumir. Dejan de tener cuidado, no llevan la medicación y son capaces de jugarse la vida por hacer una gracia delante de los amigos. Es la edad en la que el peligro de un shock anafiláctico es mayor. Es una etapa en la que ni los médicos ni los padres nos podemos relajar. Hay que recordarles desde la responsabilidad la importancia de la propia vida.

La niñez de un niño alérgico no tiene porqué ser diferente de la de los demás. Su alergia no puede ni debe suponer una limitación en su desarrollo personal y social. Mi experiencia me demuestra cada día que estos niños maduran rápido, asumen su problema con naturalidad y, lo que es todavía más llamativo, suelen ser ellos los que ayudan a sus padres a vivir la alergia como algo “normal” en su vida. Son ejemplos de superación para todos.

Cómo podemos informarnos los padres sobre las dudas que se nos planteen sobre las alergias

El 25% de los niños padecen algún tipo de alergia, el 15% son asmáticos y casi un 10% presentan alergia a algún alimento. Las cifras indican la frecuencia cada vez mayor de esta enfermedad en los países desarrollados. Al ser un problema crónico hace que nos acompañe el resto de nuestra vida, por este motivo es muy importante poder disponer de toda la información necesaria, de forma clara y actualizada.

Lo principal y más importante es tener un médico alergólogo en quién confiemos al 100%, al que le podamos preguntar todas las dudas y sobre todo al que podamos acceder de forma fácil ante cualquier problema importante. La comunicación es fundamental para que unos padres con un niño alérgico se sientan seguros.

Además, en los tiempos en los que vivimos, no nos podemos olvidar del acceso a la información a través de Internet y las redes sociales. Aunque es cierto que su uso indiscriminado y sin filtros suele suponer un “quebradero de cabeza” para el médico ante el paciente “mal informado”. No es menos cierto que si se utilizan de forma equilibrada, accediendo a fuentes fiables y válidas, es una herramienta muy valiosa que puede facilitar mucho la relación entre el médico y el paciente.

Los contenidos sobre alergia que podemos encontrar en Internet son muy variados y no todos recomendables. Mi consejo siempre es que os informéis en páginas de sociedades médicas como la Sociedad Española de Alergia Pediátrica (SEICAP), en asociaciones de pacientes y en blogs con acreditación médica. Desde finales del año pasado, con poco tiempo pero con mucha ilusión, decidí implicarme en la tarea de difundir conocimientos de salud a través de las redes sociales y puse en marcha un blog donde podéis acceder a muchas páginas de recursos de interés sobre alergias de forma segura, rápida y fiable.

Para terminar la entrevista, Pilar, a la que agradecemos su generosidad en las respuestas con contenidos tan detallados, quiere dejarnos una reflexión que, ella dice que debemos intentar no olvidar los padres que tenemos niños alérgicos aunque me parece que todos tenemos que conocer:

El niño alérgico es un niño sano, sin síntomas, a no ser que entre en contacto con aquello que le da alergia. Como cualquier niño jugará, estudiará, celebrará los cumples de los amigos y saldrá de excursión con la ilusión inmensa que acompaña siempre en esta etapa tan mágica de la vida

Más información | Pilar Cots

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