Un día en Aquopolis

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Los toboganes encantaron a niños y mayores.

En mi familia hay una tradición que tiene cerca de quince años. Todos los veranos vamos al menos un día al Aquopolis más cercano a pasar la jornada, y este año no ha sido menos. El día elegido fue el primer sábado de agosto para evitar que se nos echara encima el mal tiempo, aunque hizo un poco de frío sobre todo después de comer.

En Aquopolis mis sobrinos se lo pasaron en grande, no pararon en todo el día, parecía que les habían cosido los flotadores gigantes. Los más pequeños se pasaron el día en la zona infantil bajo la estricta supervisión de las madres (y de los tíos cuando nos pillaban despistados), subiendo y bajando por los toboganes y recorriendo las cuerdas en busca del “tesoro” que había escondido mi cuñada, que siempre se inventa los mejores juegos.

Los mayores eligieron los toboganes por los que podían usar los flotadores gigantes, el Black Hole (con los tubos cerrados) y el Zig Zag, que es más largo que el anterior y es totalmente abierto. La tirolina, que siempre fue mi favorita, tuvo sus adeptos, aunque ahí sólo se montaron los mayores.

El precio de las entradas es 21,95 para los adultos, y 16,95 euros para los niños y para los abuelos aunque yo recomiendo comprarlas por Internet ya que tienes descuentos y encima no esperas colas. Yo lo recomiendo para todas las edades pero eso sí, llevad toneladas de protección solar porque todo el día correteando arriba y abajo al final pasa factura.

Más información | Aquopolis
En Peques y más | Parques acuáticos, la opción del verano

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