
Seguro que a estas alturas, muchas de vuestras casas ya están adornadas con un pequeño Belén navideño. Para mis sobrinos, el Belén es de plástico, pero en mi casa que no hay niños, es de cerámica. Los peques lo pusieron el fin de semana pasado y disfrutaron como locos porque además de los personajes típicos, les dejamos poner sus juguetes pequeños en la escena. Así, en su Belén, los Reyes Magos son tres clics de Playmobil y en vez de ovejas, los pastores cuidan un elefante que les salió de regalo en un huevo de chocolate.
El caso es que a mis sobrinos, además de montar su propio Belén, les gusta ver cómo están hechos otros y justo en Adviento y Navidad es una época perfecta para ver belenes por todas partes. El año pasado estuvimos en varias iglesias que habían incluido figuras que se movían, agua que corría y luces que se encendían y se apagaban simulando el paso de los días, pero también vimos el del Ayuntamiento (que este año está en la plaza de Colón) y otros en tiendas, varios en colegios… Vaya, que nos hicimos una ruta belenística en toda regla. Esto es sólo en Madrid, pero yo recuerdo una Navidad que pasaba por Murcia y me encantaron todos los belenes que vi, los hay preciosos.
Lo que más les gusta a mis sobrinos es que les cuente la historia de por qué se hacen belenes porque les hace reír. Os la voy a contar, por si queréis transmitírsela a vuestros peques:
En el siglo XIII, San Francisco de Asís se encontraba en un pueblecito hablando con la gente y contándoles su filosofía cuando le sorprendió la Navidad. San Francisco pensó que la manera más sencilla de explicarles qué era la Navidad era que la representaran ellos mismos. Así pues, construyó con pajas una pequeña cabaña y metió dentro un buey y una mula, y pidió ayuda a los vecinos para completar la escena: tenía a San José, a la Virgen, un bebé hacía de niño Jesús y el resto de los habitantes representaban el papel de pastores y Reyes Magos.Como no siempre había habitantes para hacer la representación, los franciscanos finalmente pusieron figuras dentro del portal, pero siempre que había gente, preferían hacer la representación.

A mis sobrinos lo que más les hace reír son los detalles del buey comiéndose la paja del Portal mientras los pastores se pelaban de frío o del niño llorando acunado por la mula. La verdad es que a mí me parece una tradición muy simpática montar el Belén en casa, ya que puede participar todo el mundo aportando sus ideas para representar el río, o las montañas, o la nieve.
También es divertido ir a ver belenes por las ciudades, sobre todo en aquellas donde hay mestizaje. Es muy bonito ver cómo interpretan la tradición en otros rincones del mundo.
Imágenes | Dottorpeni y Colombaie1
En Peques y más | Navidad
Comentarios
Para esto la ciudad donde nací es perfecta, Jerez. Hay una inmensa tradición belenística, con la asociación más grande de toda España. Cada años se celebra un concurso de belenes, y puedes recorrer la ciudad visitándolos, gracias a una guía gratuita con las direcciones de todos los participantes.
El nivel es impresionante, porque allí lo que gusta es que sean estampas hiperrealistas, casi fotografías costumbristas de la época. Digno de ver.
Gracias por la pista, Alkar! La verdad es que a mí sí que me gusta un montón visitar Belenes :)
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